Por Ethel Barylka                                              Ilustración: Alyse Radenovic

 

“El Señor dijo a Moshé — Ve ante Faraón y dile: “Esto dice el Señor, Dios de los hebreos: Deja salir a mi pueblo para que me rinda culto” (Shemot 9:1)

Este versículo que abre la parashá Bo, como otros versículos de la parashá anterior, alude a la dureza del corazón del faraón: “Pero yo endureceré el corazón de Faraón para multiplicar mis señales y mis prodigios en la tierra de Egipto. Y Faraón no os escuchará; entonces pondré mi mano sobre Egipto y sacaré de la tierra de Egipto a mis ejércitos, a mi pueblo los hijos de Israel, con grandes juicios. Y sabrán los egipcios que yo soy el SEÑOR, cuando yo extienda mi mano sobre Egipto y saque de en medio de ellos a los hijos de Israel…” (Shemot 7:3-5).

Estas palabras nos presentan un difícil dilema: Si es Dios quien endurece el corazón de Faraón ¿Cómo podemos reclamarle al Faraón? Faraón no eligió, sino que se vio obligado a actuar así. ¿Acaso podemos castigar a quien actuó siguiendo las disposiciones celestiales? Y así lo dice Even Ezra: “Si Dios endureció su corazón, ¿Cuál fue su culpa y cuál su pecado?”

La pregunta no se refiere sólo al faraón, sino trata de un asunto fundamental con respecto a la libertad de elección del hombre. Si asumimos que el hombre no tiene libertad de elección, abolimos cualquier consideración moral o, en la formulación de Maimónides,

“Si Dios dispusiese sobre cada uno si será virtuoso o perverso, o si hubiera algo      que arrastrara naturalmente al hombre hacia e un camino determinado, idea determinada, rasgo de carácter determinado o acción determinada, como inventan los astrólogos necios (que sostienen que la ubicación de las estrellas determina la vida de la personas) ¿Por qué nos ordenó por medio de los profetas “haz esto y no hagas aquello”  “mejoren sus caminos y no vayan tras la perversidad?  Si desde el comienzo de su creación (de cada ser humano) ya se dictamino sobre él, si será virtuoso o perverso o que su naturaleza lo arrastraría hacia algo de lo que le sería imposible desprenderse ¿Qué lugar tendría toda la Torá, y bajo qué justicia y criterio se castigaría al perverso o se recompensaría al justo? ¿Acaso el Juez de toda la tierra no actuará con justica? ” (Rambam Hiljot Teshuvá 5:4).

Una posible dirección de respuesta ya se insinúa en los versículos que informan sobre las plagas. En las primeras 5 plagas, Faraón endurece su corazón: “Y el corazón de Faraón se endureció, y no los escuchó cuando la palabra del Señor” (Shemot 7:13). Contrariamente, la redacción en las últimas cinco plagas es diferente, y allí está escrito después de la plaga de los sarpullidos, las costras y los forúnculos que “el Señor endureció el corazón de Faraón, y no los oyó, como el Señor lo había dicho a Moisés” (Ibíd. 10:1). Y en la plaga del primogénito, que está escrito: “Y Moisés y Aarón hicieron todos estos prodigios delante de Faraón; pues el Señor había endurecido el corazón de Faraón, y no envió a los hijos de Israel fuera de su país”.

Se puede explicar según el enfoque de Rashí y Maimónides que en las primeras cinco plagas el Faraón actuó de acuerdo con su libre albedrio y endureció su corazón y por eso Dios endureció como castigo su corazón en las últimas cinco plagas. Aquí, en esta etapa final, se le niega incluso la posibilidad de un arrepentimiento.

“… Y es posible que una persona cometa una gran transgresión o numerosas faltas, que amerite que su castigo ante el Juez de la Verdad – por dichas acciones hechas voluntaria e intencionalmente – sea que se le impida la senda de la Teshuvá y que no se le dé la libertad de arrepentirse de su perversidad para que se muera y extinga por las transgresiones que cometió…

… Por lo tanto está escrito en la Torá “y Yo endureceré el corazón de Faraón” (Shemot 7:3) dado que en un comienzo pecó por propia voluntad y daño a los israelitas que moraban en su tierra… (Rambam, Hiljot Teshuvá 6: 3).

Faraón eligió por su propia voluntad al principio. Por tanto, fue castigado.

Los rabíes Yosef Albo y Ovadia Sforno ofrecen una interpretación desde una dirección opuesta: Dios endureció el corazón de Faraón precisamente para fortalecer su libre albedrío. Después de las plagas y la destrucción de Egipto, Faraón estaba bajo una terrible presión de liberar a los hebreos. Si lo hubiera hecho, no hubiera sido por libre albedrío, sino bajo la presión y coerción de las circunstancias. Dios hizo aún más difícil la situación y, por lo tanto, el corazón del faraón se fortaleció. Así, de acuerdo con este enfoque, incluso después de las últimas cinco plagas, Faraón fue libre de decir sí o no. Su corazón no actuó por amenaza, ni miedo sino por su propia elección.

Sforno dice “no hay duda que, si no le hubiera endurecido el corazón, Faraón hubiera liberado a los hijos de Israel… no por arrepentimiento ni rendición al Dios bendito … sino porque ya no podía resistir el sufrimiento que las plagas le ocasionaban… y ello no se consideraría teshuvá. Pero, si Faraón hubiera deseado someterse al Dios bendito y arrepentirse para regresar a Él de todo corazón no hubiera habido impedimento”.

No castigo sino elección. Si Faraón hubiera querido cambiar su conducta Dios le hubiera dado esa posibilidad. Pero él, con su corazón impenetrable – el blindaje fue su elección y responsabilidad. El hombre es quien elige actuar. Dios no interfiere en su elección.

Maimónides dice:

“No has de sorprenderte y decir: ¿Cómo es que el hombre puede hacer rodo lo que desee y que sus acciones sean por propia decisión? ¿Acaso sucede algo en el mundo sin autorización del Creador y que no sea Su deseo? ¡Si, exponen las Escrituras; todo lo que Hashem desee lo hace en el cielo y en la tierra!   (Tehilim 135:6).  Has de saber que todo sucede según su deseo, a pesar de que tengamos libre albedrío.”

“¿Cómo es esto? T.  Acerca de esto dijo Shlomó; “alégrate joven al como el Creador desea que el fuego y el viento asciendan, que el agua y la tierra desciendan, que la esfera gire en su órbita ….  Asimismo, desea que el hombre tenga libre albedrío sobre todas sus acciones sin ser obligado ni arrastrado a nada, sino más bien que el mismo y mediante la sabiduría que le dio el Creador puede hacet todo lo que al humano le es posible hacer…en tu juventud y has de saber que por todas estas cosas Hashem, te llevará a juicio” (Kohelet 11:9)  ?    (Rambam Hiljot Teshuvá 5:4).

 

Así estudiamos en Sucá 52 a, respecto al instinto perverso:  la Guemará cita lo que dijo Rav Así: Inicialmente, cuando comienza a tentar a alguien, la inclinación al mal es como una hebra de telaraña [bujía]; y finalmente es como las gruesas cuerdas de un carro, como se dice: “¡Ay de los que arrastran la iniquidad con cuerdas de vanidad, y el pecado como con la cuerda de un carro” (Yeshayahu 5:18). Inicialmente, la tentación es casi imperceptible, como un hilo delgado; sin embargo, después de que uno peca, es como cuerdas de carreta atadas fuertemente a su alrededor.

Parece que Faraón, el gran y poderoso gobernante, cayó en la misma trampa que otros igualmente poderosos. Cuando dejó que el instinto se instale en él y lo gobierne, perdió toda su libertad y posibilidad de elegir, y quedó esclavizado por su maldad, por su propia, aunque enfermiza, elección.

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