Por Ethel Barylka

El Génesis finaliza con el fallecimiento de Yaakov y Yosef. Yosef no es considerado como patriarca ni como el padre de la nación, pero tomando en cuenta el hecho que el primer libro de la Torá finaliza con su muerte, nos revela que su estatus no es el mismo que el de sus hermanos. No es considerado patriarca, pero en relación a sus hermanos es visto como único, tal como lo fuera durante su vida, también lo es en su muerte.
Yaakov, al reunir a sus hijos alrededor de su lecho, los bendice “Esas eran las doce tribus de Israel, y eso fue lo que les dijo cuando los bendijo, dándole a cada uno una bendición particular” (Génesis 49 28). Ibn Ezra explica así “Cuando cada una de las bendiciones llegó, las bendijo al gusto del hombre como la solución de su sueño” (Génesis 41:11).
Cada uno de los hijos recibe su bendición individual pese a lo cual el versículo las relata en plural “y los bendijo”. Yaakov conoce bien a sus hijos por lo que es consciente de la necesidad de unirlos en un solo grupo: “a ellos”, juntos, pese a lo cual, acentúa la unicidad de cada uno. El padre que era posible considerarlo como un patriarca distante y, prominente, no sólo conoce bien a cada uno de sus hijos, sino que también sabe distinguir entre las características espirituales de cada uno de ellos.
Yaakov nos enseña una apasionante lección acerca de la paternidad y de la bendición al mismo tiempo. El padre conoce los méritos y los defectos de cada uno de sus hijos. Le es importante señalar en cada bendición, también lo que le falta a cada uno, diciendo la verdad que no se puede ocultar. Un perjuicio que se convierte en desafío, y ese hijo debe enmendar su personalidad.
Yaakov no solo conecta a sus hijos cuando los bendice, sino que también se preocupa de ordenarles que lo sepulten cuando estén juntos. Les prescribió: «Estoy a punto de morir. Entierrenme con mis antepasados en la cueva que hay en el campo de Efrón el hitita” (Génesis 49 29).
El hecho que Yaakov se preocupe por la unión de los hermanos no es accidental. Sabe que a su muerte hay un peligro de división. También para aquellos intérpretes que sostienen que Yaakov no supo hasta el día de su muerte la verdad respecto a la venta de Yosef, de todas maneras, es consciente a las divisiones que existen entre Yosef y sus hermanos…
No en vano cuando los hermanos regresan a Egipto después del sepelio de su padre, temen la venganza de Yosef. Ahora que murió el padre de la familia quizás él se decida vengarse por qué no desapareció de él el sentimiento de la agresión. “Los hermanos de Yosef estaban temerosos porque su papá había muerto. Dijeron: «Tal vez Yosef siga enojado con nosotros y nos haga pagar por todo el mal que le hicimos» (Génesis 50:15).
El sentimiento de culpa de los hermanos era tan fuerte que no pudieron siquiera imaginarse que Yosef los iba a perdonar. Se dirigen a él con cierta vileza. “Díganle esto a Yosef: Por favor, olvida la maldad y los pecados de tus hermanos. Perdona el mal que te hicieron”. Entonces te ruego que perdones la maldad que cometieron los siervos del Dios de tu papá» (Génesis 50:17).
Cuando Yosef leyó ese mensaje, se puso a llorar.
Tan temerosos y culpables se sienten que las palabras que dirigen a Yosef no están dirigidas a su sentimiento de camaradería sino prefieren recordar al padre que es el jefe de la familia, como cemento de unión entre ellos: “Perdona los pecados de los siervos del Dios de tu padre”. El padre ya murió, pero Dios existe (véase Tanjumá Éxodo 2).
La respuesta de Yosef revela sus características personales y humanas, como vimos, así como lloró cuando encontró a sus hermanos y se reencontró con su padre, el Visir que gobierna la mayor potencia de su época, se permite sollozar. Su sensibilidad no se ve afectada pese al poder que dispone.
“Yosef les dijo a sus parientes: «Me estoy muriendo, pero con seguridad Dios va a venir a cuidarlos, los va a sacar de este país y los va a guiar hacia la tierra que le prometió a Abraham, Ytzjak y a Yaakov» (Génesis 50:24)
A diferencia de ellos él los ve como hermanos, para él está clara la misión y la marcha de la historia.
Durante todo este tiempo buscó a sus hermanos y parecería que sólo al final de su vida tuvo la dicha de encontrarlos.

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