Por Vicky Ludmer                                                                     ilustracion Marha Woonink Hofman @marthahofman

Una de las cuestiones que siempre me llamo la atención es la denominación de Ester como una de las 7 profetisas que los sabios del Talmud denominan como tales.[1]

Dice el Diccionario de la Real Academia Española que “profecía” es un “Don sobrenatural para pronunciar oráculos en nombre y por inspiración de Dios”.

Por otro lado Maimonides[2] define a un profeta como aquel individuo que recibe un mensaje de D-s para ser transmitido al pueblo.

La extensa literatura, interpretación y exegesis rabínica a lo largo de la historia instala a la profecía como uno de las instituciones fundamentales del pueblo judío. Es la existencia de estos individuos la que de alguna manera explica la conexión de D-s con el pueblo por su intermedio.

El Talmud en la cita ya mencionada indica que hubo muchos profetas, pero que en el Tanaj se incluyeron sólo aquellos que tenían un mensaje para las generaciones futuras y Rashi acompaña en su comentario diciendo que los profetas eran necesarios para las generaciones futuras para guiarlas a mejorar su comportamiento y para enseñarles las leyes judías.

¿Qué es lo llamativo entonces? Pues el hecho que en todo el Libro de Ester no se mencione el nombre de D-s ni una sola vez. ¿Cómo se concibe el rol de profetisa en una persona que no escucha la voz de D-s, no recibe mensajes, ni imágenes, ni sueños ni instrucciones? El relato nos muestra que Ester toma sus propias decisiones, evalúa los riesgos y actúa, y todo ello en soledad.

La explicación que dan los sabios del Talmud[3] de porque Ester es considerada una profetisa me pareció en una primer lectura bastante endeble y rebuscada. Dicen que Ester es profetisa dado que se viste a sí misma “en realeza”[4], en lugar de decir “con un traje real”, implicando que de este modo fue el espíritu de la divinidad quien la vistió.

La historia de Purim ocurre en algún momento entre los siglos IV y V AE y es coetánea al tiempo en que se determina la existencia de los últimos profetas bíblicos. Es el tiempo entre la destrucción de los Templos y los exilios.

Pareciera que Ester inaugura este periodo en nuestra tradición en la que ya no hay intervención divina directa mediante milagros o mediante intermediarios admonitorios, sino que es el tiempo en que la conexión con la divinidad depende de cada persona. Es el tiempo en que cada individuo debe buscar en las profundidades del alma las respuestas y actuar en consecuencia.

SI la función histórica de los profetas fue llamar a la conciencia del pueblo acerca de lo que esta bien o mal, y acercarlo a la palabra y voluntad de D-s, a partir de Ester se nos indica que cada uno de nosotros tiene la posibilidad de ser profeta, bajo esta nueva definición. Como indica Rambam en su Introducción a los Shmone Perakim “Y la rectitud en verdad lleva a la persona hacia la profecía, tal como dijeron Nuestros Sabios de bendita memoria: “La rectitud (jasidut) lleva a… la Inspiración Divina” (Avodá Zará 20b). Por lo tanto, cumplir con los dictámenes de Pirkei Avot lleva hacia la profecía.”

 

Entonces sí, podemos decir que  Ester, la última profetisa, nos guía desde su liderazgo intuitivo y valeroso hacia el interior de nuestra esencia y nos enseña que todos podemos “vestirnos en realeza”, escuchando la Voz Divina (Bat Kol) tantas veces mencionadas en nuestros textos y hacer de cada desafío un milagro.

Jag Purim Sameaj.

 

 

[1] Meguila 14 a y b.

[2] Maimonides, Comentario a la Mishna, Sanhedrin 10:1.

[3] Meguila 14 b   ” Esther también fue profetiza, como está escrito: “Y sucedió que al tercer día Esther se visitó de realiza” (Esther 5: 1). Debería haber dicho: Esther se vistió con ropas reales. Más bien, esto alude al hecho de que ella se vistió con un espíritu divino de inspiración. Está escrito aquí: “Y ella se vistió”, y está escrito en otra parte: “Y el espíritu vistió a Amasai” (I Crónicas 12:19). De la misma manera que la referencia es ser encerrada por un espíritu, también Esther fue encerrada por un espíritu de inspiración divina.”

[4] Ester 5:1

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