Por   Jenny Asse Chayo

Agradecemos a Jenny Asse la posibilidad de publicar su poema Exodo, de su obra “Es Sed de morir el paraíso”.


Tránsito el silencio cargado de pueblos;
y soy la que no soy, porque me olvido.

(Ser esclavo es apegarse.
                                                          También la palabra debe ser abandonada).

En los límites de mi pueblo, sombra.Compás entre dos
pueblos.

Sin origen de los brazos del río. Caigo en la mirada ajena.
Huérfana del llanto; de mi madre soy pregunta, y callo.
Extranjera soy, esclava entre los esclavos.

Gimen los hijos de los hombres entre cadenas. La tierra asoma
prohibida en el recodo pensamiento. ¿Quién habrá de liberarnos de nosotros mismos?

Se abre el en tus ojos el desierto, polvo de tu muerte.
Sola, frente al espejismo de tu nombre.
Y no comprendes aquella vastedad ajena mar de luz entre tus piernas.
Olas de fuego, en el secreto susurro de polvo, diluida.
Voz que los montes de límite el tiempo. Iniciada  en la mirada
inmensa, capullo quedar de voz y no se quema.
Y andas arenal, joroba del desierto; lengua, anegas en la cúspide del tiempo.

Y se le apareció el ángel del Eterno en medio de llamas
de fuego entre la zarza, vio que la farsa no se consumía.

Cubro con las manos mi ceguera, rostro en llamas, visión que
a  Su voluntad entrega el alma encadenada. Se fund
an las lenguas,
en la torre de fuego: Su Nombre llama.

¡Heme aquí!
Disol
viéndome la forma de Tu verbo,
amamantando mis gritos bajo Tus sombra,
quemándome en la orfandad
hueco en mis huecos,
libéranos las almas y los cuerpos.

He escuchado el clamor:
aflicción en las cárceles de su memoria ,
grito en el trabajo de sus manos,
bocas de sangre en la materia,
martillos en su encadenada,
látigos en la espalda de su ignorancia.

Ahora muéstrame tus brazos,
extiende tu mirada hacia Mi fuego.
He descendido para liberar a un pueblo
a través de la escritura de tu mano.
De tus puños las páginas y los designios,
los mares y las piedras, las señales,
los caminos de tu pueblo,
serán liberados en el Libro.

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¿Quién soy?
Y
¿qué rostro tiene Tu pueblo?
Y si me preguntaren cuál es Tu Nombre ¿que les diré?

Toma una brasa de este fuego y ponla en tu boca,
y si te preguntaren  Mi Nombre, mostrarás el hueco en tu lengua
y hablarás por Mi silencio. Soy el que Soy.
Y si no reconocieses  a tu pueblo, mirarás tu herida en el espejo;
allí los hallarás.
Y sabrás quién eres cuando tu rostro origine los caminos
la memoria.

¿Y si en mí misma no creyere?

(boca al hombre mudo                en el tiempo de su reflexión
Ojo en el pensamiento,              en la cumbre del espejo
abertura de la voz;                          en la sordera
es vidente quien escucha           el aliento de su razón)

¿si mi  lengua, enredada a mi ceguera
no acertara a decir el fuego que Te nombra?
¿Si Tu aliento abandonara mi voz
y me secara de palabras dentro?

Yo estaré en tu boca,
Y seré el Signo
la Espiral de tu desierto,
la Promesa,
siembra de agua entre las piedras.

Y seré la tierra que habrás  de arañar de día y noche.

 Voz de la voz que sueña
engendrar en el monte un pueblo
parir un libro
en el vientre del pensamiento, hay fuego
Sin
ahí,  en el no lugar
de cierto.

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