“Ushpizin”, literalmente “invitados”, de la raíz latina hospitium – que originalmente significa hotel, albergue, es una costumbre judía de invitar a los espíritus de nuestros antepasados a la Sucá durante las siete noches de la fiesta tradicional (ocho en la Diáspora). Los invitados tradicionales son: Abraham, Yitzjak, Yaacov, Moshé, Aarón, Yosef, y el Rey David.

Los “Ushpizin” se enlazan con el concepto con abrir la Sucá a los pobres y necesitados, reforzando el aspecto social de la festividad, pero fundamentalmente es una tradición que fue reforzada por las corrientes cabalísticas enfatizando la presencia de los rasgos particulares de cada uno de los invitados cuyas características queremos sean parte de nuestras vidas.

Hay culturas en las que la casa es una especia de castillo amurallado… no entra nadie, hay otras donde la casa es como la tienda de Abraham abierta por los 4 vientos para todos puedan entrar. ¿Cómo es la nuestra?

Hay culturas en las que el anfitrión es como Potifar…. Y el Yosef de turno es abandonado a la suerte de un trato caprichoso.

Yaakov fue el invitado de Labán muchos años… y Moshé de Yitro, en cada uno de estos episodios podemos ver un trato diferente al otro. Al que invitamos, al que viene de fuera y entra a nuestra casa…

 Hace algunos años las mujeres vienen creando rituales paralelos para invitar a “Ushpizot”, mujeres invitadas espiritualmente, cada noche invitando a una mujer diferente que se suma a los Ushpizin tradicionales.

Las versiones varían, algunos textos de Ushpizot nombran las siete mujeres que nuestra tradición talmúdica considera como profetas: Sara, Miriam, Devorá, Juldá, Janá, Abigail y Ester.

Otras se centran en las matriarcas y algunas mujeres destacadas:  Sara, Rivká, Rajel. Lea, Devorá, Rut y Ester.

Hay también quienes eligen mujeres significativas como Javá (Eva), Sara, Lea, Miriam, Devorá, Bruria y Rut.

Para recibirlas hay quienes agregan también una pedido:

Sea tu voluntad, Señor mi Dios y Dios de mis antepasados,

Para permitir que tu santo espíritu more entre nosotros;

Extiende sobre nosotros el refugio de tu paz;

Rodéanos con la majestad de tu pura y santa gloria.

Dad suficiente pan y agua a todos los que tienen hambre y sed.

Concédenos muchos días para envejecer sobre la tierra,

Para que podamos servirte y venerarte.

Bendito sea el Señor por los siglos. Amén, amén.[1]

 

Y nosotros ¿Y si buscamos figuras femeninas significativas a quién invitarías?

 

 

 

 

 

 

[1] Traducción al español del texto original publicado en inglés.

 

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