Lea Friedler y su madre
Extracto del libro “Para que sepan las generaciones venideras – Madre e hija en la Shoá”, Friedler Lea, Jerusalén, 5768-2008.
La Sra. Lea Friedler es una sobreviviente de la Shoá, junto con su madre, Brandel London Friedman, trabajó en la enfermería de Auschwitz bajo las órdenes del doctor Mengele.

Mujer y Judaísmo agradece a la autora la autorización para traducir y publicar este material.

Abortos en Auschwitz
El Dr. Mengele, médico y científico, quería hacer experimentos científicos para el desarrollo de medicinas. Tales experimentos se hacen generalmente con animales, pero él “amplió” el método experimentando con seres humanos vivos, judíos, ya que a pesar del sufrimiento, estos eran esclavos. Sólo números, no personas.
En la enfermería de Birkenau, trabajaba una médica judía religiosa bajo sus órdenes, la Dra. Gisella Perl, ginecóloga, quien también llegó a Birkenau desde el norte de Transilvania, desde Sighetu Marmaţiei (su marido y su único hijo fueron asesinados en Birkenau). El Dr. Mengele le autorizó que trabajara como médica y le ordenó que pidiera a las mujeres embarazadas que se presenten para recibir una ración de comida extra. Llegó el primer grupo de mujeres embarazadas. Ellas recibieron un pedazo de pan y margarina y fueron enviados de regreso, pero sus nombres fueron registrados. Cuando las otras mujeres embarazadas vieron que sus compañeras realmente habían recibido más alimentos, todas fueron a presentarse ante la Dra. Gisella.
Las mujeres que habían sido identificadas como embarazadas, eran enviadas de inmediato a las cámaras de gas tan pronto como llegaban. Pero había mujeres con embarazo temprano y éste todavía no podía ser percibido. Éstas eran las que el Dr. Mengele quería descubrir para su propósito. La Dra. Gisella inocentemente le entregó una lista. Las mujeres embarazadas volvieron con la esperanza de conseguir otra rebanada de pan o algo de comer, pero el Dr. Mengele eligió a varias de ellas y las condujo a la barraca 10 del campamento 1 donde él realizaba los experimentos “científicos” con gemelos y mujeres encinta. Él usaba a las personas como si fueran ratas de laboratorio en pésimas condiciones sanitarias y sin anestesia. Su propósito era hacer experimentos con las mujeres preñadas y los fetos, ya que su especialidad era la ginecología. Se interesó especialmente en los gemelos. Quería realizar experimentos para que nacieran más niños en Alemania y por lo tanto necesitaba de las mujeres embarazadas. Él sabía qué edad era la apropiada para sus experimentos.
Cuando el Dr. Gisella se dio cuenta de la verdadera intención del Dr. Mengele, decidió echar a perder su plan diabólico, provocando abortos en mujeres embarazadas durante la noche. Ella no le dio el doctor Mengele la lista de nombres de estas mujeres, al igual que hicieron las parteras de Egipto, que no entregaron al Faraón los recién nacidos. Ella le dio sólo la relación de las mujeres cuyo aborto ya era imposible, pues estaban en etapas muy avanzadas del embarazo. La Dra. Gisella Perl decidió provocar abortos, ya que no sería posible ocultar los bebés que podrían llegar a nacer. Simplemente no había dónde esconderlos. En el conteo todos estaban obligados a salir de las barracas y los alemanes inspeccionaban todos los lugares. Pero un feto eliminado desde el vientre de la madre en el aborto no era todavía un bebé. Con dos o tres meses de gestación todavía es tan pequeño – sólo unos pocos centímetros – que así era posible ocultar y tirar sin que los alemanes lo supieran. Cada noche, el Dr. Gisella y mi madre hacían los abortos. La Dra. Gisella hacía el aborto y mi madre la ayudaba y consolaba a las mujeres, ya que no había ningún medicamento contra el dolor. Mamá les agarraba las manos, acariciando la cabeza y las consolaba. En la mañana, de nuevo tenían que estar en pie para el conteo, para no despertar las sospechas de los alemanes.
Los abortos eran actos muy peligrosos tanto para la Dra. Gisella como para mi madre. Si, por casualidad, un alemán llegase y descubriese que hacían abortos en contra de las órdenes del doctor Mengele, en lugar de entregar a las mujeres embarazadas, las matarían inmediatamente. Sin embargo, decidieron continuar con los abortos, a pesar del peligro.
La Dra. Gisella acostumbraba hablar con las mujeres embarazadas y aconsejarles hacer un aborto. Ella les contaba que el Dr. Mengele quería experimentar con ellas y con los fetos. Si hicieran el aborto, tendrían una oportunidad para escapar y sobrevivir. No había la menor posibilidad de criar un hijo en Birkenau. Tal vez así ellas podrían no caer en las manos del Ángel de la Muerte, el Dr. Mengele. Las mujeres entonces decidían por el aborto. Pero sólo aquellas que todavía podían hacerlo.
La enfermería era un bloque como todos los demás; internamente, sin embargo, había una pequeña, pero significativa, diferencia. El Blockältester (la autoridad del Bloque) tenía una pequeña habitación, en la que había una cama, una mesita y una silla y me parece que también un pequeño armario. La habitación era alrededor de 2,5m.x 3m. Todos los abortos se realizaron en esta pequeña habitación.
Fui testigo de estos abortos nocturnos, pues mientras ellas arriesgaban la vida haciendo los abortos en la enfermería, yo, que entonces tenía 17 años, debía quedarme sola en mi lugar. Tenía miedo. En esa época ya habían comenzado los bombardeos nocturnos de las fuerzas aéreas aliadas. Por lo tanto, yo iba junto a mi madre, y sostenía una pequeña vela para iluminar la habitación. No tengo idea de dónde la Dra. Gisella había conseguido una vela. Por la mañana arrojábamos los fetos en la lata de las necesidades, para que no los encontrasen. La. Dra. Gisella hacía algunos abortos cada noches, uno atrás de otro y entonces mi madre limpiaba toda la suciedad y la sangre, para que los alemanes no desconfiaran. Tal vez muchas mujeres que realizaron abortos con la Dra. Gisella hayan permanecido con vida después. Tal vez tengan hijos, nietos y bisnietos. Yo no las conocía y no las conozco hasta hoy.

Nota de la editora: A continuación, una decisión halájica emitida casi 60 años después de los acontecimientos narrados aquí, por el Rabino Sinaí Adler:
“Un feto que pone en peligro la vida de la madre es considerada como hostil. En el caso presentado, en el que cada mujer embarazada que era descubierta era enviada a las cámaras de gas, no está prohibido abortar, y sumado a esto el hecho que se trataba de las primeras semanas del embarazo, es ciertamente diferente y por lo tanto no puede atribuirse ninguna prohibición a los actos realizados”.

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