por Raquel Orensztajn

Aconteció en Maydanek, “el reino adormecido de la muerte” así definido por Halina Birenbaum[1], sobreviviente de la Shoá y escritora[2], que fue transportada a ese campo de concentración y exterminio a los 12 años de edad.

Es el mes de marzo de 2003, y yo estoy en Maydanek con un grupo de estudiantes israelíes acompañados por Moshé O. No es la primera vez que estamos juntos en una situación semejante, él como sobreviviente y testigo y yo como guía educativa e historiadora. A pesar de eso, cada viaje es una experiencia única.

Nos detuvimos frente a una aséptica vitrina, en ese museo erguido dentro de un campo de muerte. Allá, contemplando los uniformes de los prisioneros que hoy son parte de la exposición “La vida cotidiana en el campo”, Moshé relata cómo él y otros prisioneros escondían migajas de pan en el orificio del ojal. Él explica y demuestra de forma detallada, pero de repente se inmoviliza, como si se hubiera congelado. Sus ojos, medio ocultos detrás de los gruesos cristales de los anteojos, se llenan de lágrimas. Como que parece haberse olvidado totalmente de nuestra presencia y murmura para sí mismo, “¿cómo fue que logré sobrevivir?…”.

Parada a su lado, tuve una sensación de que ésta era REALMENTE la primera vez que él se permitía hacer ese cuestionamiento. Y él continua: “quería tanto continuar viviendo…”

Elie Wiesel escribió: “Auschwitz desafía la imaginación y la percepción… Entre los muertos y nosotros los sobrevivientes existe un abismo que ningún talento logra comprender… Yo escribo para denunciar lo sucedido. Yo hablo acerca de la imposibilidad con la que uno se encuentra al intentar contar la historia”.

Dentro de este abismo, entre la voluntad de saber y la imposibilidad de comprender, quiero traerles una historia de vida: la vida de una joven judía llamada Etty Hillesum[3].

Etty nació en Holanda en el año 1914 y murió en el campo de exterminio de Birkenau en noviembre de 1943. Etty escribió un diario en el que expuso su delicada alma y sus conflictos como una joven mujer. El diario revela sus pensamientos, y sus maneras de confrontar y superar los decretos anti-judíos, su deportación al campo de tránsito de Westerbok. El diario termina en la víspera de su deportación a Auschwitz-Birkenau.

Etty Hillesum nació en la ciudad de Middelburg, Holanda, su padre era profesor de literatura clásica de origen holandés, y su madre era judía, de origen ruso. Más tarde Etty se mudó para Ámsterdam y estudió Psicología, Derecho y Lenguas Eslavas. Etty escribe en su diario que aprendió de sus padres a admirar el tesoro de la sabiduría y el conocimiento y por eso economizaba en comida para poder comprar más libros.

Etty escribe su diario durante la ocupación nazi, entre los años 1941 – 1943; el diario en realidad es un conjunto de cuadernos que fueron escritos a mano con letras muy apretadas.

Etty describe los acontecimientos en Ámsterdam:

“10 de mayo de 1942 – la vida se torna cada vez más amenazante y el terror aumenta día a día. Me envuelvo en las plegarias como si fueran un grueso muro de protección, me retiro a ellas como a un cuarto de monjes, y después regreso y salgo afuera más fuerte y más consolidada… con la ayuda del poder de concentración construyo a mi alrededor altas paredes y nuevamente me encuentro dentro de ellas, reúno todas mis partes dispersas y las uno en un solo todo”.

Etty describe los desfiles de los soldados nazis en las calles de la ciudad, los decretos y las prohibiciones que imposibilitaban a los judíos tener una vida normal, y finalmente la deportación al campo de tránsito de Westerbok – la última estación antes de su muerte en las cámaras de gas de Birkenau.

En la víspera de la deportación a Westerbok, Etty relata acerca de su decisión de llevar con ella una Biblia, a pesar de provenir de una familia que no era próxima al judaísmo. Ella prepara una pequeña bolsa, con su diario y libros que ocuparon el lugar de las necesidades básicas, como alimentos.

Etty permaneció en el campo de Westerbok durante un año y un mes, de agosto de 1942 a setiembre de 1943. Ella tenía una autorización especial del Consejo Judío que le permitía viajar de vez en cuando a Ámsterdam para traer medicinas para los enfermos y entregar cartas.

Etty aprovechaba sus viajes a la ciudad para contactarse con grupos clandestinos. Sus amigos no judíos intentaron convencerla de no regresar al campo y le sugirieron planificar una fuga, y hasta consideraron la posibilidad de realizar un secuestro. Sin embargo, Etty se negó a salvarse y dejar atrás a los demás judíos del campo. En un determinado momento Etty comenzó a sentir que había perdido el miedo a la muerte – así escribió en el diario:

“… la mayoría de las personas en el mundo occidental no son expertas en la tarea del sufrimiento y la reemplazan con miles de miedos. Una vida así no es vida: miedo, rendición, amargura, odio, desesperación. Oh Dios! Todo eso es tan comprensible. Pero quien pierde una vida como ésta no pierde gran cosa. Debemos aceptar la muerte y verla como parte de la vida, también cuando se trata de una muerte terrible”.

En el camino a Auschwitz, Etty arroja por la ventana una tarjeta postal en la que había escrito:

“¡Salimos del campamento cantando!”

Algunos de los campesinos encontraron la tarjeta y la enviaron a la dirección correspondiente.

Etty entregó sus diarios a su amiga, Maria Tauzing y le pidió que los enviara a Claus Smalick, el único escritor que ella conocía. Etty subió al tren que la conducía a Auschwitz junto con su padre, su madre y uno de sus hermanos – todos murieron.

Los cuadernos de Etty permanecieron en la casa de la familia Smalick durante años hasta que en cierta ocasión fueron encontrados. En 1981 su diario fue publicado en Holanda, y desde entonces se ha traducido y publicado en diferentes países y publicado en diversos países.

En las listas de la Cruz Roja figura que Etty Hilesum murió el día 30 de noviembre de 1943. Su corta vida fue interrumpida a la edad de 29 años y ella no pudo realizar su sueño de convertirse en una escritora.

Me gustaría retomar las palabras de Elie Wisel: “Olvidar las víctimas es como matarlas nuevamente. Queda claro que nunca podremos entender la crueldad y falta de humanidad del verdugo, o la pureza humana de las víctimas. No obstante, la cuestión aquí no es comprender los hechos, sino conocerlos. La aceptación de nuestra incapacidad para comprender los hechos es modestia y la resistencia a conocer los acontecimientos es prueba de arrogancia e indiferencia.”

Eli Wiesel habla sobre la importancia de nuestra realización en relación a nuestra propia limitación de comprender hasta el fin evento de la Shoá. Considero que si queremos derribar un poco esta barrera y aproximarnos lo más posible a la comprensión de los eventos sombríos de la Shoá, debemos leer los diarios escritos por las víctimas judías. En ellos podemos encontrar los acontecimientos conforme fueron vistos, sentidos y entendidos por la propia víctima, sin que nuestro conocimiento histórico posterior “moleste”.

El diario de Etty Hilesum nos ofrece esta oportunidad desde una valiente visión femenina.

[1] Autora entre otras de las siguientes obras: Hope is the last to die (Nadzieja umiera ostatnia), 1967. Traducida al inglés, alemán, francés, japonês y hebreo, de Return to ancestors’ land (Powrót do ziemi praojców), 1991, Scream for remembrance (Wołanie o pamięć) [2] Halina Birenbaum (nacida en 1929) es un superviviente del Holocausto, escritora, poeta y traductora. Nacida en Varsovia, Birenbaum pasó su infancia en el ghetto deVarsovia y luego en los campos de concentración nazis en: Majdanek, Auschwitz (Oswiecim), Ravensbrück y Neustadt-Glewe, fue liberada en 1945. En 1947se trasladó a Israel, donde formó una familia. En marzo de 2001 se le concedió el título de Persona del año 2001 por la Unidad de Polonia Rada Chrzescijan i Żydów.

[3] Ester “Etty” Hillesum (Middelburg, 15 de enero de 1914 – Auschwitz, Polonia, 30 de noviembre de 1943), fue una joven judía neerlandesa que mantuvo un diario durante la Segunda Guerra Mundial. Etty escribió un diario entre los años 1941 y 1943. El libro tuvo gran resonancia en Holanda y es considerado un documento de gran valor. Ha sido traducido a varios idiomas.

Bibliografía:
Una vida conmocionada. Diario 1941-1943, Etty Hillesum. Sánchez Romero, Manuel, (tr.), Gaarlandt, J. G., (ed. lit.), Anthropos, 1ª ed., 1ª imp.(04/2007).

*Raquel Orensztajn – MA en Historia Judía, Instituto de Judaísmo Contemporáneo de la Universidad Hebrea de Jerusalén

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