Raquel Blauvstein
No te he cantado patria mía,
ni he glorificado tu nombre con historias de heroísmo de un sinnúmero de batallas;
sólo un árbol – plantaron mis manos en las riberas de un Jordán silencioso,
sólo un sendero – hollaron mis pies a través de los campos.

Muy pobre es por cierto – lo sé, madre mía, muy pobre es por cierto la ofrenda de tu hija; sólo una voz de alegría en un día de aflicción, sólo una furtiva lágrima que sube a los ojos.

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