por Janá Safrai
El Crítica Bíblica Feminista se ocupa de la cuestión del género y del lenguaje bíblico repetidamente. Se puede resumir y decir que el análisis feminista amigable, alega que hay que leer la configuración bíblica masculina como un lenguaje general y no excluyente genéricamente. Es decir que pese a que el lenguaje es masculino, no excluye lo femenino. Sin embargo, hay que revisar cada fragmento para poder determinar hasta qué punto esa interpretación es comprehensiva tanto de lo masculino como de lo femenino revisando el texto de los versículos.

Este asunto adquiere un significado especial cuando leemos el relato de la Revelación del monte Sinaí. Los versículos en el libro de Shemot (Éxodo) hablan a todo el pueblo como por ejemplo Éxodo 19: 8, 10, 12, 14,15, 16, 17, 21, 23, 24 y 25). Se dirigen a la Casa de Jacob – Beit Yaakov, y a los Hijos de Israel – Bnei Israel (Shemot 19:3) o a los ancianos del pueblo (Shemot 19: 6). Aparentemente se podrían leer estos pasajes como incluyendo a todos los componentes del pueblo. Las instrucciones particularizadas allí son más difíciles de leer como relacionadas a los dos sexos. Por ejemplo: “Estad preparados para el tercer día; no os acerquéis a mujer” (Shemot 19:15) ya que sin duda se refiere a los varones. Es decir según la interpretación literal podríamos afirmar que cuando el versículo se refiere al pueblo los ancianos o los sacerdotes en Shemot 19:22 se refiere exclusivamente a los varones dado que el versículo inicial comienza “Y dijo al pueblo” pero está destinado sólo a la posición de los hombres “no os acerquéis a mujer”.

Esta lectura segregacionista parece ser la base de la interpretación excluyente de la tradición de distintas sectas de la época del Templo. Conforme a Meguilat Hamikdash, el peregrino debe apartarse de las relaciones íntimas con una mujer tres días previos al ingreso a Jerusalén. (Meguilat Hamikdash 45, 11 -12). Siguiendo ese espíritu no se deben mantener relaciones sexuales en la ciudad sagrada (Brit Damesek 12, 1).

Pero contrariamente a lo que se podría interpretar de una lectura simplista de los versículos y de la tradición exégeta de las sectas, nuestros Sabios sintieron que la Revelación del Sinaí era una Pacto para todo el pueblo, hombres, mujeres y niños. Si bien no está expresado textualmente como lo está en el parashat Hakhel (Shemot 31:12), o en el Pacto de Nitzavim (Devarim-Deuteronomio 23:10). Así es lo que corresponde y lo digno al Pacto, y por lo tanto los Sabios tienen cuidado de incluir a las mujeres en la interpretación de la revelación de Sinaí. En la Mejilta de Shemot 19 aparecen cuatro distintas interpretaciones que, según me parece, no se pueden interpretar como resultado de una lectura literal de los versículos, sino de una postura básica comprensiva e incluyente frente y en contra a la lectura literal que excluye a las mujeres.

“Así dirás a la Casa de Jacob, estas son las mujeres; significa que se está dirigiendo a las mujeres y anunciarás a los hijos de Israel, esos son los varones.
Otra cosa: así dirás a la Casa de Jacob, dirás en un lenguaje suave, di los títulos a las mujeres y anunciarása los Hijos de Israel, se detallado con ellos y diles…”. Mejilta Derabí Ishmael, Itró, segunda parashá

La analogía festiva del lenguaje bíblico se interpreta a través de dos grupos básicos: hombres y mujeres. La base del midrash es la diferencia entre el término “Benei” (hijos) y el término “Bait” (casa – hogar) y de esa manera se suma a muchos midrashim que interpretan el término “Bait” como “mujer”, como está escrito “Su hogar, su mujer” (Mishná, Yoma 1,1) que su casa es su mujer. El intérprete también necesita hacer una división entre los términos “Decir” y “Anunciar” caracterizando así la diferencia entre el discurso de hombres y mujeres. En esta diferenciación determina dos elementos: el primero es la forma de hablar y el otro, el contenido. El hablar femenino es más delicado y no necesita de explicaciones sumamente detalladas. Sin embargo, el diálogo masculino tiene que ser mucho más detallado, y si queréis decir, hasta minucioso y jurídico-normativo. Estas expresiones traídas por el midrash recibieron interpretaciones diferentes algunas de apoyo, otras apologéticas y otras contrarias. No haremos aquí la exposición, pero al final de cuentas no hay ninguna duda que el midrash acentúa la existencia tanto de hombres como de mujeres en la Revelación del Sinaí.

“Entonces vino Moisés, y llamó a los ancianos del pueblo, y expuso en presencia de ellos todas estas palabras que Dios le había mandado” (Shemot 19,7).
Y le dirás también a los niños y a las mujeres…” (Mejilta Derabí Ishmael, Itró, segunda parashá)

El versículo se refiere a los ancianos del pueblo. El intérprete en sus palabras propone por un lado una lectura excluyente y a la vez intenta incluir dentro del concepto de “pueblo” a los jóvenes y las mujeres. En este caso no hay ninguna razón formal para la interpretación por lo que no podemos sino comprenderlo como una interpretación derivada de la posición básica del expositor. Según sus palabras la declaración “haremos y escucharemos” que aparece a continuación, es una declaración que caracteriza la reacción del pueblo de Israel al pacto con Dios y es una declaración de todo el pueblo que incluye tanto a los jóvenes, como a los ancianos, a los hombres como ya las mujeres.

“Y señalarás término al pueblo en derredor, diciendo: Guardaos, no subáis al monte, ni toquéis sus límites; cualquiera que tocare el monte, de seguro morirá. No lo tocará mano, porque será apedreado o asaeteado; sea animal o sea hombre, no vivirá…” (Shemot 19:12-13).

“En el texto hebreo leemos “behemá-ganado”, ¿de dónde aprendemos que debemos incluir también a jaiot-bestias? Únicamente de nuestra deducción. Entonces aprendamos entonces de behemá – para Ish – hombre, o sea ¿si podemos incluir en el género ganado también a animales no domesticados, acaso no lo podemos hacer incluir en el término hombre a las mujeres? “(Ídem).

El versículo nuevamente se dirige a todo el pueblo, pero no se refiere únicamente a los humanos. Monte Sinaí en los momentos de la revelación está completamente cerrado y se vuelve amenazante a los humanos y a los animales. Desde el punto de vista interpretativo el exégeta se apoya sobre un lenguaje de paralelismo entre los animales y los hombres.
Así podemos suponer que cada categoría incluye más que lo mencionado, así como al hablar de animales, incluimos a las bestias, al hablar de hombres, incluimos también a la mujer. Podemos suponer que esa es también la interpretaciónprimordialdel texto. El intérprete únicamente intentó anular la posibilidad de una lectura excluyente del concepto “hombre”. En su interpretación, obviamente, se incluyen las mujeres en la prohibición de acercarse al monte y como consecuencia de ello aprendemos que las mujeres estaban junto a los hombres en la base del monte y fueron prevenidas al igual que ellos.

“Y dijo al pueblo: Estad preparados para el tercer día; no acerquéis a mujer” (Shemot 19:15) de aquí aprendieron los sabios que la mujer que descarga semen el tercer día es ritualmente pura, y la demostración la aprendemos de la Revelación, según las palabras de rabí Eleazar ben Azaria…” (Ídem).

Entre los sabios de la generación de Yavne, se produjo una discusión acerca de la cantidad de días que una mujer debe tener reparos sobre su purificación después de haber tenido relaciones con su marido por la liberaciónde su semen. En esa discusión participa Eleazar Ben Azaria, R. Eliezer y R. Akiva. Para nuestro tema es importante la opinión de Eleazar Ben Azaria que aprendió la prohibición de relaciones sexuales del texto de la Revelación del Sinaí y según su argumento, la obligación de separación durante tres días antes de la Revelación no estaba destinada a cuidar la pureza de los hombres, dado que ellos podrían purificarse sumergiéndose el agua en el atardecer sino específicamente la pureza ritual de las mujeres. Las mujeres podrían encontrarse nuevamente impurificadas ritualmente por medio de la descarga de semen por lo cual se les prohibió el contacto con los hombres durante tres días. De allí se infiere que las mujeres tenían obligación de estar junto con los hombres en la Revelación del Sinaí y de encontrarse ritualmente puras.

Frente a nosotros dos argumentos de la Agadá y dos de la Halajá unidos por la conclusión que las mujeres formaron parte de la Revelación en el monte Sinaí. No son tratadas por expresiones de género sino que son parte de la revelación como mujeres con su singularidad. Reconociendo fenómenos que solo a ellas les pertenecen. No es una expresión sólo de igualdad sin más, sino se trata de la inclusión de las mujeres de Israel como parte del pueblo delante de su Dios.
Los tanaítas no eran feministas ni siquiera socios de la teoría feminista, pero no hay duda que sus palabras fueron elegidas para demostrar las inclusiones de las mujeres de Israel en la Revelación Sinaica.

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