Adaptado del artículo del Rabino Aviad Bartov https://www.etzion.org.il/he/%D7%91-%D7%A0%D7%A9%D7%99%D7%9D-%D7%91%D7%9E%D7%A6%D7%95%D7%95%D7%AA-%D7%A1%D7%95%D7%9B%D7%94

Lectores poco acostumbrados a las discusiones talmúdicas que son la base de la halajá, probablemente tengan dificultades para seguir los razonamientos expresados por el autor en el artículo presentado a continuación.  Esta nota nos enseña que cuando, el motivo de la mitzvá cambia, siquiera muy levemente, se modifican las consecuencias en todos los temas. Ello lo podemos ver también en la gran pregunta si las mujeres están, obligadas o no, a cumplir la mitzvá de residir en la sucá durante la festividad ya que se trata de una mitzvá que depende del tiempo.     
Creemos que merece la pena intentar seguir los argumentos jurídico-religiosos que nos presenta el rav Bartov,  ya que a través de ellos constatamos de qué manera desde la época talmúdica el tema de la participación de la mujer en la mitzvá de Sucot era relevante no menos que en nuestra era.

Introducción 
A primera vista, el tema de este artículo parece bastante desconcertante.   Sabemos que conforme a la regla de la Halajá las mujeres están exentas de los preceptos positivos que dependen del tiempo – mitzvot asé she hazman garman.  A la luz de este principio, es claro que deberían de estar exentas de la mitzvá de sucá. De hecho, también eso es lo que se desprende de la Guemará al comienzo del Tratado de Sucot, que cuenta la historia de la reina Heleni:
“Rabí Yehudá dijo: Aconteció que la  reina Heleni tenía su sucá en Lod, y tenía más de veinte codos de altura, y los Ancianos entraban y salían de su  sucá y no le dijeron nada sobre que la sucá no cumplía la norma (porque era demasiado alta. N. de MyJ)
Los rabinos le dijeron a Rabí Yehudá: ¿Eso acaso demuestra algo? Ella es mujer y, por lo tanto, está exenta de la mitzvá de sucá.
Rabí Yehudá les dijo a ellos en respuesta: ¿No tenía ella siete hijos y, por lo tanto, necesitaba un sucá según las normas? Y, además, ella realizó todas sus acciones solo de acuerdo con las directivas de los Sabios.”
La reina Heleni construyó para sí una sucá que era más alta que veinte codos y en ella recibía a los Sabios de la generación. Rabí Yehudá intentaba demostrar a través de este relato que una sucá de más de 20 codos de altura es casher – o sea, está construida correctamente conforme a las normas.
Sin embargo, las cosas no son tan simples. Tosafot en el Tratado Pesajim discuten la posibilidad de obligar a las mujeres a realizar un mandamiento que depende del tiempo, a través del argumento que “también ellas estuvieron en el milagro” por lo que dicen:
“… Rashbam explicó que por ellas fueron redimidos (los hijos de Israel de Egipto), y en el libro de Esther por ella, y en Janucá por Judith…” En el Talmud de Jerusalén explica que también ellas estuvieron en el peligro de la destrucción y la desgracia. Y dijeron: decimos que están exentas de sucá a pesar que “estuvieron en el mismo milagro” porque en “Sucot les hice sentar”, o sea que se trata de un mandamiento explícito de la Torá, a diferencia de las cuatro copas que bebemos en el seder que son de mitzvot de Rabanán – mitzvot de origen rabínico- , se les prescribió también a las mujeres “porque participaron de ese milagro” (Tosafot Pesajim 132b).
En otras palabras, hay mandamientos que, aunque dependen del tiempo, ya que la parte esencial de las mismas es el milagro de la redención (en la que las mujeres  también tuvieron parte), se puede dictaminar el cumplimiento de las mismas por lo que no estarán exentas del cumplimiento del mismo aún si son mitzvot que dependen del tiempo.
Este es el caso, por ejemplo, de Janucá, Purim y las cuatro copas de Pesaj. A la luz de esto, los Tosafot preguntan ¿por qué las mujeres no están obligadas a observar la mitzvá de la sucá en virtud de su participación en el milagro de deambular en el desierto? Tosafot responde que, dado que el de la Sucá es un mandamiento de la Torá, no pueden ser obligadas en virtud de este punto.
En este artículo, trataremos de responder la pregunta y la respuesta de las Tosafot, y aclararlas.

Para que sus generaciones sepan…Como vimos, los Amoraim difieren en la descalificación de una sucá que es más alta que veinte codos. Hemos visto que, según Raba, la razón es: “Si usted sabe que yo he puesto los hijos de Israel en Sucot,” dijo, “hasta veinte codos de una persona sabe que él está en la sucá, más de veinte codos ya no percibe dónde está”.
En otras palabras, sentarse en una sucá requiere discernimiento, conciencia del hecho que lo estamos haciendo y por lo tanto cuando no hay contacto visual con el sejaj (el techo de la sucá), uno no puede cumplir con su obligación, puesto que no tiene la conciencia necesaria de estar dentro de una sucá. A la luz de esto, surge la pregunta si la necesidad de conciencia también se aplica a los otros métodos que explican la ley de veinte codos. En otras palabras, ¿es esta una ley general que valida la mitzvá o no? Una respuesta a esta pregunta se puede encontrar en las palabras de Rashí: “… no se refería a la conciencia de estar sentado en la sucá, sino al hecho que las generaciones futuras sepan que nuestros padres fueron acompañados en el desierto por “Nubes de Honor” que rodeaban sus residencias”.
Si es así, de acuerdo con Rashí, cuando nos sentamos en la sucá tenemos dos saberes o conocimientos diferentes:

  1. El conocimiento de que estamos  sentados  en la  Sucá
  2. El saber acerca de las generaciones (del milagro en el desierto).cerca de las generaciones 

Según Rashí, la mitzvá de sentarse en la sucá siempre debe ir acompañada por el segundo conocimiento: el conocimiento de las generaciones, y no necesariamente hay necesidad del primer conocimiento.
Discutieron los sabios sobre de qué materia prima eran las sucot en el desierto y Rashí apoyó la opinión de Rabí Eliezer que se trataba de las “nubes celestiales”, mientras que Rabí Akiva alegó que eran verdaderas cabañas.
Las Tanaim diferían en cuanto a cuáles eran las materias primas de las sucot cuando Israel salió de Egipto. Rashí, en su comentario a la Torá, se adhiere a la opinión de Rabí Eliezer que se trataba de las nubes de Dios, esta visión es compatible con su opinión que lo importante y necesario es el recuerdo de las generaciones que acerca del milagro acontecido. De acuerdo a eso además de la obligación de sentarse en la sucá, cada judío que entra en la sucá está obligado a recordar esas nubes de gloria que acompañaban a Israel en el desierto.

¿Cuál es la obligación de las mujeres?  
Ahora, podemos volver a la pregunta de Tosafot acerca de por qué las mujeres no están obligadas a sentarse en la sucá en virtud del hecho de que ellas también estuvieron en ese milagro. Como hemos visto, el asunto del milagro encuentra su expresión en las mitzvot de las generaciones por venir, y conforme a Rashí, que recordará las nubes de honor, por lo que si deberíamos obligar a las mujeres basándonos en el argumento que “también estuvieron en ese milagro“, sería suficiente con obligarles a recordar las nubes de honor.
Sin embargo, como hemos visto Tosafot explicó el asunto de forma diferente, y en las siguientes líneas vamos a tratar de aclarar su camino.
Conforme a la opinión de Rabí Akiva la mitzvá es recordar en Sucot a las cabañas concretas que los israelitas tenían en el desierto. El Rashbam, en su comentario a la Torá, apoya la posición de Rabí Akiva.
“…El día quince del séptimo mes, cuando hayáis recogido el fruto de la tierra, celebraréis la fiesta del Señor por siete días, con reposo en el primer día y reposo en el octavo día.  “Y el primer día tomaréis para vosotros frutos de árboles hermosos, hojas de palmera y ramas de árboles frondosos, y sauces de río; y os alegraréis delante del Señor vuestro Dios por siete días.  “Así la celebraréis como fiesta al Señor por siete días en el año. Será estatuto perpetuo para todas vuestras generaciones; la celebraréis en el séptimo mes ‘Habitaréis en tabernáculos por siete días; todo nativo de Israel vivirá en tabernáculos,  para que vuestras generaciones sepan que yo hice habitar en tabernáculos a los hijos de Israel cuando los saqué de la tierra de Egipto.(Levítico 23:39-43) .
Y este es el sentido: realizarás la fiesta de Sucot , durante el período de cosecha, cuando la casa de un hombre es su fortaleza – los almacenes están llenos de abundancia y prodigalidad, para recordar las sucot en las que habitasteis en el desierto durante 40 años sin casa y sin territorio y para que agradezcáis a quien les dio la tierra y las casas llena de cosas buenas, para que no digáis en vuestros corazones que por la fuerza de vuestras manos lograste todo eso,  por eso salen de las casas llenas de abundancia y habitan en las cabañas en memoria de cuando no tenía territorio ni casas en las que habitar. Y por esta razón Dios estableció esta fiesta justamente en la época de abundancia del granero y el viñedo. Para que no se engañen en su corazón y piense que ellos lograron todo eso”.

O sea, la residencia en la sucá se establece en la época de la cosecha cuando la casa del hombre es su fortaleza y sus depósitos están llenos de abundancia, y en apariencia no necesita el hombre de la generosidad o bondad de Dios. Justamente en esa época se le pide al hombre que salga de su casa y regrese a la época en la que erraba en el desierto – dependiendo del cuidado y la bondad de Dios.
De acuerdo con esto hay una relación directa entre la residencia en la sucá y la conciencia de las generaciones venideras. Para que el hombre sienta la contingencia de este mundo, debe apretujarse en una sucá realizada de los desechos de su cosecha y recordar que todo lo recibe de Dios.
Ahora bien, se repite entonces a pregunta que presentamos al comienzo de nuestra discusión: por qué las mujeres no están obligadas al mandamiento de la sucá si también ellas estuvieron en el mismo milagro. Conforme a la interpretación de la Rashbam, la residencia en la sucá no se relaciona a un milagro, sino al eje histórico de la festividad de Sucot y al eje agrícola. Por lo tanto el argumento de que también “ellas estuvieron en la milagro ” no es relevante y se trata de una mitzvá que depende del tiempo igual que otras y por lo tanto la mujer está exenta.  Por otro lado para Tosafot, tampoco se aplica el argumento que “estuvieron en el milagro” al tratase de una mitzvá de la Torá y no de una mitzvá de Rabanán. Por lo tanto también están exentas de acuerdo a esta opinión.
El Rabino Soloveitchik trae otra explicación a la dificultad planteada por las Tosafot:
“Es posible decir que las mujeres se incluyeron en una mitzvá positiva de acuerdo con el principio de que “estaban en el mismo milagro” sólo cuando la esencia de la mitzvá se trata de la “publicidad del milagro”.  En esto se diferencia el beber cuatro copas en Pesaj del residir en la sucá. En la cuatro copas lo esencial es contar y relatar el milagro de la Salida de Egipto a través de la bebida de las 4 copas… mientras que la residencia en la sucá, lo esencial no es el relato del milagro sino la residencia en la sucá… por lo que no se aplica el principio de que “ellas también estuvieron en el milagro” porque lo central no es la publicidad del milagro.  Conforme a esta visión el argumento de que “ellas también estuvieron en el milagro” podría aplicarse a una mitzvá de la Torá, solo que no se aplica a la mitzvá de Sucot”.
El Rav Soloveichik explicó que la residencia en la sucá, no está vinculada al milagro sino que es una mitzvá independiente. Conforme a su opinión por lo tanto no es necesario llegar a la conclusión de la Tosafot que “también ellas estuvieron en el milagro ” nos se aplica a la mitzvá de la Torá sino que simplemente la mitzvá de la sucá no está relacionada al milagro.

De acuerdo a mi humilde opinión, y conforme a la visión de Rashí podemos decir que la mitzvá de residir en la sucá no depende del conocimiento de las generaciones venideras y por lo tanto las mujeres están exentas, pero tal vez deban recodar todos los años las nubes de la Gloria.

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