Por Ethel Barylka

Tu Bishvat, el 15 del mes de Shvat, es una fecha que, como muchas otras, se ha revestido de diferentes significados a lo largo de los siglos. Comenzó por una fecha que marcaba el comienzo del año impositivo vinculado a diversas normas referidas a los árboles, pasando por la añoranza a los frutos de la Tierra de Israel, en el exilio, hasta su resurgir en la re-significación dada por el movimiento sionista, a partir del retorno a la Tierra de Israel y al trabajo agrícola en ella.

La recuperación del contacto con la tierra del trabajo agrícola, después de los largos siglos de exilio, es motivo de regocijo y celebración, aún en los cínicos momentos actuales de “post-sionismo” y criticismo permanente a la doctrina sionista.

La tradición, de plantar árboles que comenzara en 1908, es tal vez el signo más destacado del día en nuestra época. Siete años después de la creación del KKL y un año antes de la creación del primer kibutz, el líder de la Organización de Maestros de Israel, decide salir a plantar árboles con sus alumnos, y crea una tradición que se transforma en emblema.

Deberíamos indagar en los orígenes mismos de esta fecha con un poco más de detenimiento.

El 15 del mes de Shvat no es mencionado en la Torá, y entonces ¿Cómo es que esta fecha aparece en la mishná y cuál es su significado?

La mishná establece al comienzo del Tratado de Rosh Hashaná cuatro principios de año:

Son cuatro días del año que sirven como el Año Nuevo, cada uno con un propósito diferente:  … Rabí Elazar y Rabí Shimón dicen: El Año Nuevo para los diezmos de animales es el primero de Tishrei… El primero de Tishrei es el Año Nuevo para contar años, para calcular los Años Sabáticos y Años de Jubileo, es decir, desde el primero de Tishrei hay una prohibición bíblica de trabajar la tierra durante estos años; para plantar, para determinar los años de orlá, el período de tres años desde que se ha plantado un árbol durante el cual su fruto está prohibido; y para diezmar verduras, ya que las verduras recogidas antes de esa fecha no pueden diezmarse junto con las verduras recogidas después de esa fecha. El primero de Shvat es el Año Nuevo para el árbol; el fruto de un árbol que se formó antes de esa fecha pertenece al año del diezmo anterior y no puede diezmarse junto con el fruto que se formó después de esa fecha; esta decisión está de acuerdo con la declaración de Beit Shamai. Pero Beit Hilel dice: El año nuevo para los árboles es el quince de Shvat.

El Talmud pregunta en Rosh Hashaná 14a:  El año nuevo de los árboles, ¿Cuál es la razón?

Veamos el texto: La mishná enseñó: “el primero de Shvat es el año nuevo para los árboles, según la declaración de Bet Shamai y la Guemará pregunta: ¿Cuál es la razón por la que el Año Nuevo para los árboles se estableció en esta fecha?El rabino Elazar dijo que el rabino Oshaya dijo: La razón es que para ese entonces la mayoría de las lluvias del año ya han caído, y la mayor parte de la temporada, es decir, el invierno, aún está por llegar, ya que continúa hasta el equinoccio de primavera, que generalmente ocurre en Nisán…

En esta primera respuesta la Guemará relaciona la fecha con el ciclo de la naturaleza, el invierno, las lluvias y continúa con el tema del diezmo, una especie de impuesto a la ganancia por lo recogido de los árboles, trayendo un pasaje en el que Rabi Akiva duda de si la cuenta del diezmo es a partir del 1º. o a partir del 15 de Shvat que fue establecido de acuerdo a la opinión de Beit Hilel.

La aparición de esta pregunta nos permite contemplar, como lo hicieron algunos investigadores, que, si bien en la Torá no aparece esta fecha, el Talmud conoce la existencia de la misma, pero no su sentido… Existe una tradición, pero se desconoce su origen y su significación.

Algunos interpretan que la existencia de una tradición de origen politeísta es la hizo que esta fecha no fuera incluida en la Torá, pero su presencia y observancia prevalece a través de los siglos como una costumbre popular a la que los sabios del Talmud revisten de un nuevo significado.

Los elementos que tienen origen muy temprano en ciertas prácticas asociadas a la aceptación del sol y a la luna como divinidades, se van a revestir de un carácter monoteísta a través de un cambio de sentido.

Conforme a esta visión, todo el tema de los diezmos es una innovación realizada por el Talmud para ahuecar del contenido idólatra a la fecha que se relacionaba con el sol – la estación invernal – y con la luna – el 15 del mes hebreo es el día de la luna llena.

La existencia de cuatro años nuevos también se presenta en la cultura babilónica a partir de las cuatro estaciones del año. El calendario hebreo en parte reproduce el modelo – Pesaj en primavera, Tu Bishvat, en invierno, Tu Beav, en verano y Sucot en primavera, todas el 15 del mes… Acerca del nexo entre Tu Beav y Tu Bishvat, solo marcaremos aquí que estas fechas dividen el año en exactamente dos mitades y según el propio Talmud esto se vincula a la energía del sol. (Ver: Taanit 26b    Taanit 31ª)

Vemos entonces una tendencia clara de desligar la fecha de los elementos paganos vinculados a la luna y el sol, tema que Maimónides va a abordar en More Nebujim – La Guía de los Perplejos –  cuando menciona que el sacrificio de la neomenia – Rosh Jodesh.

Bemidbar 28:11-15 establece el sacrificio de la neomenia diciendo:

“También, al principio de cada mes, presentaréis un holocausto al SEÑOR: dos novillos y un carnero, y siete corderos de un año… Y un macho cabrío como ofrenda por el pecado al Señor, se ofrecerá con su libación además del holocausto continuo”.

Explica Maimónides:

“No procedía… designar a los machos cabrío como sacrificios de pecado para el Señor, porque se comía de ello y no se los quemaba por completo, pero ante el temor de que se considerase al macho cabrío de la neomenia como un sacrificio ofrendado a la Luna, al ejemplo de los egipcios, que le ofrecían sacrificios al comienzo de los meses, se dice expresamente, a propósito de este macho cabrío que es consagrado a Dios y no a la Luna”.   Guía de los Perplejos, parte 3, 46

La existencia de ritos paganos en el antiguo Israel es tema de reclamo permanente de los profetas.  Siglos después de la entrega de la Torá, la idolatría no ha sido desterrada. Cuando Josías (640–609 a.e.c) sube al trono y realiza la reforma para restaurar el rito monoteísta, leemos en   II Melajim 23:11-12

“También profanó al Tofet que está en el valle de Ben-hinom, para que nadie hiciera pasar por fuego a su hijo o a su hija para honrar a Moloc.  A la entrada de la casa del Señor, junto a la cámara de Natán-melec, el oficial que estaba en las dependencias, quitó los caballos que los reyes de Judá habían dedicado al sol, y prendió fuego a los carros del sol”

El hombre primitivo está sujeto a la naturaleza, le teme y la adora. La Torá plantea un vínculo diferente con el mundo natural.

Todo ha sido creado por Dios, el árbol, la luna, el sol y también el hombre. El hombre es parte de la creación.

En la contemplación de la naturaleza el hombre puede encontrar a Dios, no en un sentido extático y místico, sino por el contrario en la utilización de su capacidad de investigar y conocer la naturaleza y sus leyes y sus ritmos, todo fue establecido desde la creación y el hombre es responsable de su cuidado

Dice Maimónides “Apreciar la belleza del mundo lleva a tener más amor y temor a D’os. ¿Y cuál es la manera [sugerida] para [lograr] amar y temer a D’os? Cuando la persona contempla Sus grandiosos y maravillosos actos y creaciones, y ve Su infinita e inmensurable sabiduría, de inmediato ama, alaba, ensalza y ansía conocer al gran Dios”. Hiljot Iesodei HaTorá 2:2

El vínculo planteado con la llamada madre tierra, no es de adoración sino uno de responsabilidad y cuidado.

Tal como dice el midrash en Kohelet Rabá 7:13 –. En el momento en el cual D’os creó a Adam, Él lo guió al lado de cada árbol del Jardín del Edén y le dijo: “Mira qué bellas y dignas de elogio son Mis creaciones. Todo lo que he creado, lo creé para ti. Sé cuidadoso y no dañes ni destruyas Mi mundo, porque si lo dañas, no habrá nadie que pueda arreglarlo luego de ti”.

Ya en la creación leemos:

“Entonces el Señor Dios tomó al hombre y lo puso en el huerto del Edén, para que lo cultivara y lo cuidara”.

Dios Ha creado. Una vez. No hay una segunda creación.

El hombre es responsable de lo que pase en la tierra y después del Diluvio queda esto más claro aún.  Dios promete su parte, el resto depende de nosotros.

Bereshit 8  y 9

“Nunca más volveré a maldecir la tierra por causa del hombre… nunca más volveré a destruir todo ser viviente como lo he hecho…  Mientras la tierra permanezca, la siembra y la siega,  el frío y el calor,  el verano y el invierno,  el día y la noche, nunca cesarán.

… Entonces habló Dios a Noé y a sus hijos que estaban con él, diciendo: He aquí, yo establezco mi pacto con vosotros, y con vuestra descendencia después de vosotros, y con todo ser viviente que está con vosotros: aves, ganados y todos los animales de la tierra que están con vosotros; todos los que han salido del arca, todos los animales de la tierra. Yo establezco mi pacto con vosotros, y nunca más volverá a ser exterminada toda carne por las aguas del diluvio, ni habrá más diluvio para destruir la tierra.  Y dijo Dios: Esta es la señal del pacto que hago entre yo y vosotros y todo ser viviente que está con vosotros, por todas las generaciones: pongo mi arco en las nubes y será por señal del pacto entre yo y la tierra”.

Dios se compromete con el hombre, pero en realidad se compromete con su propia creación. Dios se comprometa a la permanencia, la constancia y el orden en la Creación, el resto  depende de nuestra elección.

La Torá en su exhortación monoteísta marca una y otra vez hasta el cansancio, la supremacía del Único Creador, en contra de la fuerza atomizadas de la naturaleza convertidas en deidades.

No adoramos la naturaleza sino su Creador.

En contra de “le dicen al árbol, eres mi padre” (Jeremías  2:27)

bendecimos: Bendito eres Tú, Dios nuestro, Soberano del Universo, que nada falta en Su mundo y creó criaturas buenas y árboles buenos”

Cuando comienza el invierno bendecimos al quien “hace solar los vientos y caer las lluvias”.

Cuando la persona ve mares, ríos, montañas y desiertos, debe decir: “Bendito eres Tú… Rey del universo, Quien da forma a la obra de la Creación…”

Rab Moshé Jaim Luzzatto, dice en Daat Tevunot (La Sabiduría del Corazón 128)

“pero para nosotros es suficiente saber el siguiente principio: todo en la creación está interconectado y dirigido hacia un único propósito…”

Todo en la Creación está interconectado y tiene su función y la nuestra es cuidar de ella, sabiendo que no puede haber armonía en el mundo si no hay armonía entre los hombres, cuidar al mundo no es sólo proteger el medio ambiente, sino establece un mundo equilibrado, justo, regido por las normas de la ética y la justicia, el respeto y el amor al prójimo.

De nada sirve cuidar que el mar no se contamine mientras nos matamos en las guerras.

Ya los profetas plantearon una visión ideal en que la armonía es cósmica y nos incluye a todos.

Y brotará un retoño del tronco de Isaí, y un vástago de sus raíces dará fruto… espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder… y no juzgará por lo que vean sus ojos,  ni sentenciará por lo que oigan sus oídos; sino que juzgará al pobre con justicia, y fallará con equidad por los afligidos de la tierra; herirá la tierra con la vara de su  y  con el soplo de sus labios matará al impío. La justicia será ceñidor de sus lomos, y la fidelidad ceñidor de su cintura. El lobo morará con el cordero, y el leopardo se echará con el cabrito; el becerro, el leoncillo y el animal doméstico andarán juntos, y un niño los conducirá. La vaca y la osa pacerán, sus crías se echarán juntas, y el león, como el buey, comerá paja. El niño de pecho jugará junto a la cueva de la cobra, y el niño destetado extenderá su mano sobre la guarida de la víbora. No dañarán ni destruirán en todo mi santo monte, porque la tierra estará llena del conocimiento del SEÑOR como las aguas cubren el mar” (Isaías 11).

 

 

 

 

 

 

 

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