Por Ethel Barylka                                                                              Ilustración: Rochel

 

El primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki, afirmó este sábado (la nota es del 2018)  que “hubo perpetradores polacos del Holocausto así como hubo perpetradores judíos” que contribuyeron a los crímenes en la Polonia ocupada por los nazis durante la II Guerra Mundial.

Ante estas declaraciones el mandato del recuerdo penetra en una dimensión diferente y se convierte en exigencia vital.
Tal vez ahora podamos entender a que se refiere la Torá cuando nos dice “Recuerda lo que te hizo Amalec”. Nuestros sabios pautaron la lectura obligatoria del fragmento de la Torá en Devarim 25: 17-19  y año a año en todas las sinagogas del mundo se lee este fragmento.

La lectura no es un ritual formal, lo que importa es el contenido de la misma. Debemos recordar lo que hizo Amalec. Recordar, para no olvidar, pero más importante aún recordar  para no distorsionar y no permitir a otros la distorsión. Más peligroso que el olvido es la transformación de la memoria, convirtiendo los hechos en una mero material de manipulación dialéctica.

Víctimas y perpetradores no son los mismo y nada tiene que ver con el hecho de que hubo judíos  traidores o colaboracionistas. Eso nada tiene que ver con la verdad que 3.000.000 de judios polacos fueron asesinados durante la Shoá. No es sólo que los campos de exterminio funcionaron en territorio polaco y con mano de obra polaca sino que la judería polaca fue exterminada en prácticamente su totalidad.

La rebelión del Ghetto de Varsovia fue la primer rebelión de la ciudad de Varsovia, la capital que en su pecho tenía la llaga ardiente del ghetto no se rebeló sino hasta después de la liquidación del mismo. Si, es verdad, hubo polacos que mostraron su humanidad y el pueblo judío y el estado de Israel reconoció su grandeza otorgándoles su galardón como Justos de las Naciones, pero cuidémonos de desfigurar los hechos.
Este año al leer Zajor lo comprendemos con mayor exactitud. Memoria que debe llevarnos a la acción, en lo individual y en lo nacional.
Tal vez llegó la hora de pensar en la transmisión de la memoria sin necesariamente pisar el suelo polaco, visitando los campos. Un nuevo desafío que debemos afrontar, para recordar.

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