por Ethel Barylka                                           

Enséñame Señor a bendecir y a orar Por el secreto de la hoja marchita Y por el brillo de la fruta madura Por esta libertad: Ver, sentir, respirar, saber, confiar, fracasar.

Enséñame a que mis labios bendigan y alaben Cuando tu razón se renueve en la mañana y al atardecer Para que no sea mi nuevo día como ayer y anteayer Sino que sea un día de creación y no de diaria rutina.                                                           Lea Goldberg

La poetisa israelí Lea Goldberg, de la cual conmemoramos 100 años de su nacimiento, expresa en sus “Versos para el final del camino”, en términos sencillos e intensos un mensaje adecuado para el mes de Elul, que acaba de comenzar.

Sumidos en la rutina diaria, el mes de Elul, y los posteriores Iamim Noraim nos brindan la oportunidad de poner un paréntesis y sopesar nuestras acciones, nuestras actitudes, de evaluarnos y sincerarnos con nosotros mismos, única manera de poder comenzar a mejorar nuestra relación con el mundo circundante.

¿Acaso es posible el Tikun Olam, sin la corrección de uno mismo?

¿Cuántas veces en la vorágine de lo cotidiano tenemos tiempo de valorar lo que tenemos? ¿Cuántas nos detenemos a pensar en lo que realmente somos y hacemos? Y cuando ya lo hacemos, ¿logramos realmente llegar a nosotros mismos en la profundidad requerida o el ritmo de la vida que vivimos nos dicta también la superficialidad de la relación con nosotros mismos?

¿Cuántas veces al año nos permitimos una pausa para simplemente ser y estar con nosotros mismos?

Año a año se nos presenta la oportunidad única en el mes de las selijot de liberarnos de los compromisos laborales, de la carrera por el status y el reconocimiento social, para quedarnos simplemente frente a frente con nosotros mismos, en un diálogo interior, que no todos tenemos el valor de afrontar, pero sin el cual nuestra vida no pasará de ser un desplazamiento superfluo por este mundo.  Hay quienes buscan la felicidad como ideal, y hay quienes buscan el sentido de la vida.

Escribió Lea Goldberg parafraseando a Kohelet (el Eclesiastés)

“Tus días están contados Sabe: cada uno es el último bajo el sol Sabe: cada uno es nuevo bajo el sol”.

 

Fotografía: Amit Luria           

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