Por Ethel Barylka                                                   Ilustración: @rivkakorfstudio

El episodio de la atadura de Yitzjak que cierra la parashá de Vayerá, abre un panorama entero que invita a la reflexión y es percibido hasta el día de hoy como un evento fundante de la nación.

” Aconteció que después de estas cosas, Dios probó a Abraham, y le dijo: “¡Abraham!” Y él respondió: “Aquí estoy”. Y Dios dijo: “Toma ahora a tu hijo, tu único, a quien amas, a Yitzjak, y ve a la tierra de Moriá, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que Yo te diré” (22: 1,2).

Con el tiempo se desarrolló una extensa retórica exegética sobre estos dos versículos que nos conducen a una profunda meditación sobre nuestro camino de fe.

¿Qué fue esa prueba? ¿Cuál es el sentido de esa orden?

Una orden implica, una elección- Abraham no escucha el futuro en el oráculo, no se trata de un futuro del cual no puede escapar. Abraham recibe una orden.[1]

Y así también Ramban sobre el versículo dice “el asunto de la prueba es, a mi criterio, por ser las acciones del hombre libres en su mano, si lo desea lo hará y si no lo desea no lo hará, se llama prueba por parte del “probado”, pero el que lo puso a prueba le ordenó pasarlo del pensamiento a la acción.

Ramban esclarece la pregunta eterna, enseñando  que es obvio que Dios no necesita de la prueba del hombre, sino que la prueba es para el que pasa por ella, para que “el probado” descubra sus fuerzas y sus límites.

Abraham sabe que cree, Abraham sabe que se somete a la voluntad de Hashem y no por primera vez. Pero ¿conoce acaso los límites de su fe? ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar?

El Midrash Bereshit Raba señala ” No extiendas tu mano contra el muchacho”… le dijo (Abraham): lo ahorcaré. No extiendas tu mano contra el muchacho. Le dijo; le sacaré una gota de sangre. Le dijo; no le hagas nada, no le hagas daño (Bereshit Raba 56, 7).

Y una versión similar en Rashí; no extiendas – para degollar, le dijo: entonces vine hasta aquí sin sentido, le haré una herida y le sacaré un poco de sangre. Le dijo: no le hagas nada, no le hagas daño. (En ambas versiones se presenta en hebreo el juego de palabras meuma – nada   mum – defecto.

Abraham, el creyente, es presentado por el midrash como quien no puede controlar su ímpetu religioso, porque es celoso de la palabra de Dios. El ángel lo frena. Lo controla. Lo modera. Y   de esa manera deja claro que Dios no está interesado en sacrificios humanos. El sacrificio humano no es una cosa extraordinaria. Ni entonces, ni ahora. Los padres sacrifican a sus hijos e hijas en aras de ideas de todo tipo.

Abraham lo aprenderá después de la prueba, que tiene algo de dolor   psicológico intolerable para él mismo. La exigencia total, sin conciliaciones, lo lleva por propia elección al límite de su propia humanidad y le muestra el aspecto del cual debe de cuidarse…

 

¿Podemos imaginar qué sentimientos acompañaron a Abraham en ese momento?

Dijo Rabí Abba: Dijo Abraham (a Dios) aclararé ante ti mis sentimientos: ayer me dijiste “Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriá, y ofrécelo allí en holocausto”   Y ahora me dices: “No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único”. Dios le dijo en Salmos 89, 35: “No olvidaré mi pacto, ni mudaré lo que ha salido de mis labios” no te había dicho: “faénalo” sino “elévalo”, asciéndele, bájalo, déjalo” Rashí.

Si Dios no necesita la prueba como se puede explicar la reacción: “Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único” (22:12).

¿Acaso recién ahora sabe?

Muchas respuestas se brindaron a esta cuestión. Si se trata de una elección libre, hay aquí un diálogo entre Abraham y Dios, como si Dios reacciona a las acciones de Abraham y en el léxico del Midrash se explica la situación de una manera muy ilustrativa: “desde ahora tengo argumentos para decirle al Satán y a las naciones la razón por la que te aprecio. Ahora tengo la coartada perfecta porque ellos ven que temes a Dios (Rashí).

Najmánides afina más aún el concepto cuando dice: “hasta ahora tu temor era potencial, pero no se había expresado en tamaña acción”.

Sin embargo, sigue pareciendo que quien necesitaba de semejante acción era el hombre. El ser humano debe pasar por circunstancias semejantes, para poder comprobar sus fuerzas y conocerse mejor a si mismo. No puede conocer sus capacidades únicamente en teoría. Está obligado a pasar a la práctica.

Dios no tiene esas necesidades. Su accionar está dirigido al ser humano y a sus necesidades como dice el Salmista 11:5 “El Señor prueba al justo; Pero al malo y al que ama la violencia, su alma los aborrece”. Cuando está convencido que pasará la prueba es cuando lo hace pasar por ella para su beneficio” (Ramban).

La prueba es de orden doble, ir al monte Moriá, por un lado y, no menos difícil, obedecer a la orden de refrenar.

Ambas son órdenes. A ambas Abraham responde libremente, elige.  Las dos lo llevarán a conocerse a sí mismo de la manera más profunda y multifacética.

A partir de ese momento él, el hombre que se conoce a sí mismo, es capaz de liderar y convertirse en símbolo por generaciones. Ahora puede convertirse en una bandera que se puede izar y caminar bajo su luz. En el lenguaje del Zohar “… Dios es estricto con los justos… y por eso los pone a prueba, no por Él mismo, que Él ya conoce la firmeza de la fe de ellos, sino para enaltecerlos delante de sí mismos. Y por esa razón –así leemos.- “Dios probó a Abraham”… o como podemos traducir “Él levantó el estandarte por todo el mundo” , puesto que el término que significa probó – nisá– implica levantar una señal, como está escrito “levantad el estandarte sobre los pueblos” (El Zohar, Parashat Toldot)

 

 

[1] Mordejai Rotenberg, Introducción a la psicología del Tzimtzum cap. 2, trae una interesante comparación entre el episodio de la atadura de Yitzjak y el texto de Edipo de Tebas.

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