Por Ethel Barylka                                                                Ilustración: Eva Holzfischer

“¿Por qué está escrito  “Porque rectos son los caminos del Señor, y los justos andarán por ellos; pero los transgresores tropezarán en ellos, (Oseas 14:9)”?… para enseñarnos acerca de Lot y sus hijas, ellas se propusieron cumplir un mandamiento, los justos andarán por ellos, él (Lot) que se propuso cometer una transgresión –  los pecadores tropezarán en ellos” Tratado de Nazir 23 a.

La acción de las hijas de Lot cuya lectura nos produce tanta incomodidad tiene dos perfiles. Uno el del cumplimiento del  mandamiento, otro de transgresión. ¿Acaso es esto posible? ¿Es esa la relación de nuestros sabios a dicha acción: positiva o negativa?

Las hijas de Lot estaban seguras que son las únicas mujeres en el mundo y emborrachan a su padre para quedar preñadas de él. Una tras otra embarazan y dan a luz, la mayor a Moab, la menor a Amón (ver Génesis 19:30-38). A la luz de este episodio resulta que Lot el justo, se salvó más por  el mérito de Abraham que por el suyo propio. Pareciera que Lot internalizó algunos de los caminos de la conducta de Sodoma, y por lo tanto está dispuesto a entregar a sus hijas a la muchedumbre que rodea la casa y posteriormente está dispuesto al incesto. Decimos dispuesto, porque si bien podríamos interpretar que con la primera hija actúa inconscientemente movido por la borrachera, hubiera tenido posibilidad de volver en sí al día siguiente antes de volver a emborracharse. Lot sabe, a diferencia de sus hijas, que sólo Sodoma y Gomorra están siendo exterminadas y no el mundo todo, de tal modo que podría haber echado por tierra la falacia de las hijas de que son las únicas sobrevivientes…  el vino parece ser sólo una insinuación de la flaqueza moral del padre, tal como sucedió con el padre de la familia Noé, a la sombra del cual suceden actos oscuros.

La relación ambivalente a las acciones de las hijas de Lot, es igual a la relación hacia sus descendientes. Por un lado “Ningún amonita ni moabita entrará en la asamblea del Señor; ninguno de sus descendientes, aun hasta la décima generación, entrará jamás en la asamblea del Señor”  (Deut. 23:3-4) y por otro lado nuestros sabios  interpretaron “Amonita hombre y no amonita mujer – moabita hombre y no moabita mujer” Tratado de Iebamot 76b. Esta innovación de los sabios es la que permitió el ingreso de Rut, la moabita, al seno del pueblo judío, y a convertirse en la “Madre del Reino”, reino de David y del Mesías hijo de David.

La Torá explica la severidad de la prohibición de los hijos de Amón y Moab: “porque no fueron al encuentro de ustedes con pan y agua en el camino cuando salieron de Egipto” (Deut. 23:5). Aún si se trata de una contraposición, un claroscuro al acto de recepción de huéspedes realizado por Lot, parecería que la severidad el castigo deriva justamente de que a través de su conducta demuestran ser descendientes de un acto enfermizo. Amón  y Moab, son tratados como pertenecientes a la categoría de mamzerim [1] por ser descendientes de un acto de incesto. Su castigo está explicitado de la misma forma que el de los mamzerim  todos, también sobre ellos está escrito “Ningún mamzer entrará en la asamblea del Señor, ninguno de sus descendientes, aun hasta la décima generación, entrará en la asamblea del Señor” (Deut. 23:2).  

Los sabios, sin embargo ensalzan la figura de Rut la moabita. También ella lleva la herencia de las hijas de Lot, pero en ella se manifestaron justamente los aspectos puros e inocentes de su conducta, su móvil es un móvil de mitzvá, de perpetuar el mundo (y también a sí misma).

Así como Rut se preocupará por la continuidad de la descendencia de su esposo (y también de sí misma) así Tamar, dará a luz a Peretz de sus relaciones también incestuosas con su suegro.

Cuatro figuras femeninas entrelazadas entre sí por su lucha por el futuro, cuatro mujeres que toman la iniciativa y actúan a través de medios que  despiertan asombro logran estar todas vinculadas al reino y a la redención.

[1] Preferimos la utilización de la palabra hebrea mamzer a su traducción española bastardo, ya que las categorías legales difieren, por ejemplo, en el judaísmo el hijo de madre soltera no es mamzer y sí lo son los hijos de relaciones adulteras.

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