Por Ethel Barylka

En el inicio del libro Bemidbar, nos encontramos con una descripción amplia y precisa de la organización con Israel antes de su llegada a Israel:  “Tomen la cuenta de la entera asamblea de los hijos de Israel según sus familias, según la casa de sus padres, por el total numérico de nombres, todos los varones, cabeza por cabeza de ellos,  de veinte años de edad para arriba, todos los que salen al ejército en Israel. Deben inscribirlos según sus ejércitos, tú y Aarón”.

El censo no es únicamente para lograr datos cuantitativos. Su importancia estriba en la solicitud de contar con la pertenencia familiar con el mayor detalle. Y esa minuciosidad regresa a lo largo del texto no sólo en referencia a situaciones dinámicas. No se trata de números. No se habla de personas que pueden ser enroladas al ejército. Se busca identificar a cada uno según sea su padre, su familia, su nombre. Todos los seres humanos en cuanto a su ser. Las cifras no son para ocultar de la vista las identidades, ni a difuminar el carácter distintivo que surja de la información. Por el contrario, a definir que el total es la suma de la conexión de las tribus y los clanes, las familias y  los individuos que conectados forman el total.

La tensión entre el total y el particular, el todo y sus partes, nos acompañará. Cada individualidad tiene su propia identidad y, sin embargo se trata de la vinculación, que permite formen “congregación de los hijos de Israel”.

El rabino Shimshón Refael Hirsch demuestra que la etimología de la palabra “edá” es cercana a “iaad”, que significa propósito, aspiración, meta, destino y objetivo. Para expresarnos que los grupos de individuos, familias y tribus pueden convertirse en una comunidad cuando tienen un objetivo común, cuando están juntos y comparten su visión. Cuando comparte el mismo sistema de valores que dirigen sus vidas como individuos y como grupo.

“Los hijos de Israel deben acampar, cada hombre según su división [de tres tribus], según las señales para la casa de sus padres. Frente a la Tienda de Reunión deben acampar, en su derredor” (Bemidbar 2:1). La de las tiendas de los nómades en el desierto se hace en un orden ejemplar e impresionante. No como ambulantes, sino como un campamento militar organizado y ordenado. En el centro de la formación la Tienda de Congregación, allí no hay mástiles ni banderas. Allí en el  Tabernáculo, que era el centro del campo, como Jerusalén y su Templo lo serán en el futuro, se encuentran las tablas de la Ley, que son el símbolo y la fuente de la espiritualidad del pueblo de Israel.  De allí beben la fuerza para sobrevivir en el desierto. Las Tablas convertidas en testimonio y en objetivo, convierten a esas personas en un pueblo. Son su fuente y su aspiración.

A diferencia de otras culturas, el pueblo es una identidad humana que respeta a todos sus hijos que colocaron como requisito vivir con sentido moral. Los Diez Mandamientos son el centro de su visión humana y política tanto como individuos como nación.

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