“Y llegaron los hijos de Israel, toda la congregación, al desierto de Zin, en el mes primero, y reposó el pueblo en Cadesh; y allí murió Miriam, y allí fue sepultada. Y no hubo agua para la congregación, se juntaron contra Moshé y Aarón. (Bemidbar – Números 20:1-2).

Nuestros sabios relacionaron la presencia de Miriam con el abastecimiento del agua en el desierto: “Todo el tiempo que vivió Miriam había un manantial que abastecía de agua a Israel. Desde que Miriam murió, ¿qué es lo que está escrito? “y allí murió Miriam, y allí fue sepultada. Y no hubo agua para la congregación” (Tosefta Sota 11, 1).

A su muerte, pusieron de relieve aún más la figura de Miriam, que tomó parte activa en la historia de la Liberación.

Es Miriam, quien vela por la integridad de Moshé en las aguas, es Miriam quien le ofrece traer una nodriza para alimentar a su hermano, a la hija de Faraón, es Miriam quien baila liderando a todas las mujeres después del cruce del mar y es la misma Miriam quien habla criticando y quejándose de Moshé.

Miriam, la profeta, asume un papel fundamental junto a sus hermanos Moshé y Aarón. Cada uno de los tres tiene claramente definida su función en la Redención de Egipto.

Como resultado del estudio de este texto, muchas familias comienzan a adoptar en los últimos años una nueva costumbre: la de llenar en la noche del Seder con otra copa, la Copa de Miriam.

Esa costumbre es parte de un proceso de revitalización de los medios para lograr que el Seder esté acompañado por una didáctica liberadora, sin que por ello se interrumpan las tradiciones comunitarias y familiares ya conocidas.

Esta inclusión está también inscrita en aquellos elementos que pueden agregarse para estimular las preguntas de la joven generación cuyas respuestas permiten ampliar el desarrollo de explicaciones y recuerdos del Éxodo.

Después de la segunda copa de vino y antes del lavado de manos, toman la Copa de Miriam preparada y colocada vacía en la mesa y dicen:

“Esta es la Copa de Miriam que llenaremos con agua y no con vino. Invito a todas las mujeres de todas las edades que están en la mesa a llenar la Copa de Miriam con el agua de sus copas”.

Se pasa la copa de Miriam entre los participantes en el Seder, mientras se explica la relación de Miriam con el agua enfatizando los tres elementos centrales:

Miriam tras la cañas del Nilo, a la expectativa de lo que iría a suceder con su hermano depositado en las aguas, sola a la intemperie sin que se pueda predecir qué le depararía el destino, preocupada por su salvación.

Miriam y el cruce del mar. El liderazgo de Miriam y la espontaneidad de su alabanza al Señor al término del cruce. Si tomáramos en cuenta el papel de la mujer en esa época y nos trasladáramos en el tiempo, podríamos comprender su grandeza y la del pueblo que la siguió.

Miriam y el manantial, de cuyas aguas bebió el pueblo durante la travesía en el desierto. El agua, tal vez el recurso más valioso en ese hábitat hostil al que el pueblo no termina de acostumbrarse.

Conforme al midrash, las aguas también del manantial de Miriam poseían cualidades curativas.

Se continúa con la siguiente plegaria:

“Ésta es la Copa de Miriam, Sea Tu voluntad que podamos curarnos y obtener la redención completa. Sea Tu voluntad que como Miriam y el resto de las mujeres podamos salir en cánticos y bailes frente a los milagros de nuestra vida cotidiana, agradeciéndole a Dios por cada instante”.

Después de la plegaria se continúa con el Seder conforme lo acostumbrado

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