por Malka Gonzales Bayo                       

                                                                                                  Ilustración:  Letters creats worlds – Orit Martin 

...”Y Dios creó al hombre a Su imagen, a semejanza de Dios lo creó, macho y hembra lo creó”… (Gen. 1,27)
“Este es el libro de las generaciones del hombre. El día que creó Dios al hombre a imagen de Dios lo hizo, macho y hembra los creó y los bendijo,
y les puso por nombre Adam”, (Gen 5,1-2)
“…Y Dios creó a la mujer…”;”Y fueron una sola carne” (Gen 2,24)

Hoy en día se suelen hacer análisis de las culturas del pasado como si los hombres y mujeres de entonces tuvieran la mentalidad de hoy. La Biblia y como consecuencia la cultura judía, es un constante objeto de esa crítica intelectual y moralista, pero dicha crítica es aún mucho más infundada si tenemos en cuenta dos razones esenciales:

La primera, es que la mayor parte de dichas posiciones parten de una profunda ignorancia y ausencia de rigor, ya que no pasan del nivel de simples opiniones que están basadas en los prejuicios religiosos y rechazo ante las diferentes Iglesias y no en un auténtico conocimiento de las fuentes y los contenidos originales del Libro y la amplitud de la Torá Oral que no depende, ni en ningún caso puede depender, de interpretaciones que provienen de campos religiosos ajenos.

La segunda, es que aquel que conoce aunque solo sea una mínima parte de dichos contenidos de La Torá verá que muchos de los conceptos, valores acerca del sujeto y la comunidad, reglamentaciones legales en torno al matrimonio etc. son mucho más actuales si se lo compara con otros textos religiosos o filosóficos de los mismos períodos. En este sentido, el código moral de la Torá aportó un ideal de futuro principalmente en la cuestión de los sexos y en la visión de la mujer.

El Judaismo constituye una corriente espiritual que propicia el estudio de la Torá y la aplicación práctica de dichos contenidos. En el judaísmo está inscrita la llamada a la responsabilidad existencial por la propia educación y sin duda una parte fundamental de la educación religiosa judía es la que concierne al tema de los sexos.

Este proceso de estudio, conciencia y aplicación en un constante aprendizaje activo se arraiga en el encuentro entre unos y otros para interpretar, ajustar y profundizar en la interpretación y esclarecimiento de la revelación y hacerla descender al orden de lo humano.

Un hecho asombroso, es que en las generaciones inmediatamente posteriores al Hecho del Sinaí que aporta directamente al ser humano el código ético que había de regir a partir de entonces a la humanidad, toda la comunidad conocía el significado e intención de cada afirmación que además era transmitida de padres a hijos, pero posteriormente se profundizó en la necesidad objetiva de la educación de tal manera que los jóvenes aprendían de los ancianos y los maestros.

De este modo vemos que el código de la Torá necesitó de unas estructuras en cuyo interior se pudieran abordar los problemas, una tradición viva que los sabios tanto de la ley oral como de la ley escrita, estaban autorizados y cualificados para transmitirla a otros. La misma Torá advierte específicamente de la necesidad de un conocimiento más “especializado” y profundo y la cuestión de la mujer no escapa a esta consideración.

A diferencia de otras culturas, se tiene que matizar que la conciencia de tipo patriarcal no fue en el caso del pueblo judío una fórmula de anulación para las mujeres, sino que aquella percepción de la realidad que hace referencia al arquetipo masculino del Padre con sus funciones de límite, ordenamiento, diferenciación y aplicación de la Ley, fue beneficioso para ellas, puesto que la interpretación de las escrituras tomó una tendencia muy a favor de la comprensión de los aspectos femeninos de la realidad y de la mujer en particular, que desde un principio fue profundamente considerada y respetada.

Ya con el patriarca Abraham, el cambio de la conciencia politeísta a la conciencia monoteista reordenó el mundo de forma que la humanidad dejó de sacrificar a sus hijos. En lugar del sacrificio del hijo nace una religión de tipo simbólico y se abandona la literalidad de las culturas idolátricas y sacrificiales algunas de ellas con deidades también femeninas.

El Pueblo de Israel receptor de la Revelación bíblica luchó y guerreó físicamente contra estos pueblos que aun sacrificaban a los seres humanos, mujeres, niños y niñas a sus terribles ídolos-dioses como el caso de Baal y Moloch por ejemplo.

En este sentido, la Torá generó una cultura de la liberación, que igualó a los seres humanos entre sí y los puso en relación directa y sin intermediarios con el propio D´s devolviéndolos a su auténtico hogar que es el Mundo Espiritual del cual provenimos.

D´s, manifestándose a través de sus distintos Nombres, crea un orden en el que NO exige sacrificios humanos a los hombres, sino actitudes éticas a través de un pacto que no puede romperse. En este sentido, la diferencia entre politeísmo y monoteísmo no significa simplemente la existencia de un solo dios o dioses múltiples, sino otra forma de relación con el mundo divino-espiritual y otro tipo de conciencia en relación a los otros y más específicamente entre el hombre y la mujer.

COSTILLA-COSTADO
Pero la gran diferencia cultural y espiritual de la Torá, es que la Tora trata de equiparar al hombre y la mujer no solo en su dignidad esencial sino en su papel de responsabilidad en la comunidad.«El Santo Bendito sea, ha creado dos rostros en el primer hombre…»; (Rabí Yirmiya ben Elazar)

En la gran obra Mística del Zohar, el Libro del Resplandor se dice lo siguiente:

«Varón y hembra los creó…». R. Simeón dice al respecto: «Misterios profundos se hallan revelados en estos dos versículos. Estas palabras hacen conocer la alta dignidad del hombre, la doctrina mística de su creación. En la misma manera que fueron creados el cielo y la tierra, también fue creado el hombre.

De esto aprendemos que toda figura que no comprende elementos masculinos y femeninos, no es una verdadera y propia figura. Observad lo siguiente: D´os no coloca Su Morada en ningún lugar en que no se encuentren juntos varón y hembra, ni se hallan bendiciones en tal lugar, como está escrito, y los bendijo y llamó el nombre de ellos “hombre” el día en que fueron creados. Observad que dice “ellos” y el nombre de “ellos” y no “él” y el nombre de “él”. El varón no es llamado “hombre” hasta que no está unido con la mujer».

Si observamos bien este maravilloso y “misterioso” texto, el sabio R. Simón ya nos reclama la atención acerca de los “misterios profundos” que se hallan contenidos en la frase “varón y hembra los creó” y destaca en primer lugar que el nombre “Adam”, “hombre”, no tiene acepción exclusivamente de “varón”, sino que contiene también el elemento “hembra”. Hemos de poder despertar en nosotros ni siquiera por breves instantes, la sensación de que nos aproximamos a un recinto misterioso cuando nos enfrentamos a estas cuestiones de la mujer y del tema femenino, porque ellas constituyen los principios de la creación del mundo. («En la misma manera que fueron creados el cielo y la tierra, también fue creado el hombre…»). Sin esa percepción del misterio, no podemos aproximarnos a la Torá.

El Rav. Simon nos dice que el “ser humano completo” solo es posible en la unión de los dos principios masculino y femenino para lo cual se hace necesario e indispensable la unión de los sexos, del hombre con la mujer y solo la armonía de esta unión convoca a la Presencia de D´os. Nada puede haber más sagrado.

Hay que resaltar dos aspectos en relación a lo masculino y lo femenino altamente importantes tanto desde el punto de vista anímico y psicológico como Espiritual.

Estos dos aspectos que regulan en una gran parte el camino de “entrenamiento espiritual” hebreo, aparecen también con las palabras “recuerda” y “guarda” específicamente en la prescripción del shabat. Según los “misterios de la Torá”, ambas se aplican igualmente al día y a la noche y al hombre y la mujer en correspondencia.

“Recuerda” tiene una aplicación más especial al hombre y a lo diurno, a los aspectos de la conciencia vigilia y por tanto al mundo de lo consciente, mientras que “guarda” va dirigido específicamente a la mujer, cuya observancia principal es la noche y el mundo de lo inconsciente. Ella se convierte de esta forma en “guardiana” de las fuerzas que rigen el lugar de lo inconsciente, de las fuerzas profundas del alma, del mundo de la luna y de lo nocturno.

Cada uno es designado para cuidar “el otro lado” de la realidad que viene descrito en el Génesis como:«Y el Señor D´os construyó el costado que había tomado del hombre». Pero muy significativamente, en el Zohar se indica además que la palabra “costado” es de hecho “el lado” que significa también “camino”…

Estas fascinantes correspondencias se extienden a su vez sobre la Ley Escrita y La ley Oral, ya que la Ley Oral de cualidad femenina, surge de la Ley Escrita de cualidad masculina. Una sin la otra no tendrían sentido y separarlas o disociarlas, sería como dejar una pareja partida por la mitad. Así las correspondencias entre los pares de opuestos: cielo-tierra, masculino-femenino, hombre-mujer, Torá escrita-Torá Oral…recuerda-guarda… son parejas esenciales cuya relación sigue tejiendo la vida del mundo. Mantenerlas unidas es la gran misión del hombre y la mujer.

De esta forma, el camino espiritual del alma humana se completa desde los dos aspectos que se reintegran cada uno desde “su lado” en la unidad común que rectificará el mundo de lo creado y el universo mismo. Este es el camino de la rectificación que dará lugar a la redención final…

Continuará…

Malka González Bayo
Licenciada en Filosofía y Letras, psicóloga y analista.
Miembro de la International Association for Analitical Psichology de Zúrich (IAAP).
Co-fundadora del Instituto Carl Gustav Jung de España y Vicepresidenta de la red Tarbut Sefarad.
Coautora del libro Hilando Fino (Ed. Icaria).
Coautora y coordinadora del libro Los apellidos judeoespañoles (Ed. Obelisco 2008).
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