¿Qué ocurrió exactamente con Koraj? ¿Cuáles son los cargos en su contra y sus seguidores, que hizo que fueran castigados de manera tan drástica?

“Y Koraj hijo de Izhar, hijo de Qehat, hijo de Leví, procedió a alzarse, junto con Datán y Aviram hijos de Eliab, y On hijo de Pélez, hijos de Rubén. Y procedieron a levantarse delante de Moshé, ellos y doscientos cincuenta hombres de los hijos de Israel, principales de la asamblea, los convocados de la reunión, hombres de fama. De modo que se congregaron contra Moshé y Aarón y les dijeron: “Ya basta de ustedes, porque la entera asamblea son todos santos, y Dios está en medio de ellos. ¿Por qué, pues, deben ustedes alzarse por encima de la congregación de Dios?”(Números 16:1-3).

Al principio los rebeldes hablaban con una sola voz…, pero después se fragmentaron y ello se nota en sus discursos. No siempre todos sienten y quieren lo mismo, incluso si supuestamente hablan con una sola voz, y cuando ni siquiera usan los mismos argumentos, las diferencias se notan más.

Veamos que dicen: “¿Es cosa tan pequeña el que nos hayas hecho subir de una tierra que mana leche y miel para hacernos morir en el desierto, que también procuras hacerte príncipe sobre nosotros hasta el límite?  El caso es que no nos has introducido en una tierra que mane leche y miel, para que nos des una herencia de campo y viña. ¿Será acaso que quieres perforar y sacar los ojos de aquellos hombres? …” (6:13). La falta de armonización de los argumentos da una pista de la identidad de quienes se encuentran  frente al problema.

Koraj no percibe que Moshé tiene un mandato divino, y que él no es quien elige sino que es el elegido.

“Entonces Moshé dijo: “En esto sabrán que Dios me ha enviado a hacer todas estas obras, que no es de mi propio corazón” (Bemidbar 16: 28). Koraj anhela la democratización de la santidad, pero olvida que la santidad no es un pre-supuesto sino el fruto de un trabajo espiritual largo y profundo. Cuando choca con la autoridad de Aarón, está cuestionando en realidad la de Dios mismo, que fuera quien eligiera a los actores.

Datán y Aviram, los otros socios en la rebelión, presentan –como vimos- argumentos muy diferentes.

Moshé les pidió que vinieran y no acudieron al llamado. Es evidentemente más fácil enfrentarse con el liderazgo desde lejos y sin poner la cara. “Moshé envió a llamar a Datán y Aviram, hijos de Eliab, pero ellos dijeron: “¡No vamos a subir!” (16:12). Su respuesta muestra el verdadero problema. Moshé no tiene dificultad en ir hacia ellos, “después Moshé se levantó y fue a Datán y Aviram, y los ancianos de Israel fueron con él” (16:25). 

Mientras que Koraj apeló contra la autoridad espiritual de Moshé y de su manera de enseñar la Torá (según Bemidbar Raba 18), Datán y Aviram eran prácticos, políticos, y realistas, que predicaban que la Torá debe ser pertinente a las necesidades “reales”  de las personas como los problemas que existen en el desierto.

Ni unos ni otros, no entendieron el liderazgo de Moshé. ¿Por qué hablar sobre preceptos y filosofía, cuando la gente necesita de agua y comida? ¿Por qué hay que preocuparse por los infinitos detalles de servir a Dios en el Tabernáculo cuando necesitan que mane leche y miel para todo el pueblo?

Así vemos que existe un diálogo interesante, ya que  Koraj está interesado en desarrollar habilidades espirituales  superiores porque cree que ello es lo más necesario. Pero, Datán y Aviram, ven al hombre como una criatura temerosa por la supervivencia física y es fuera de toda proporción exigir que se dediquen a lo que les brinde trascendencia espiritual.

Son dos puntos de vista extremos. Dos enfoques que a ojos de Moshé estaban equivocados. Koraj y el grupo de Datán y Aviram no creían que la gente en general, y particularmente un grupo que hasta hace tan poco eran esclavos y que ahora vaga por un desierto sin fin, sin comida ni agua, pueda ser capaz de satisfacer simultáneamente las demandas inmateriales de Moshé y sus enseñanzas junto a su preocupación por las necesidades. Ellos veían la realidad de manera diferente. No podían hacer congeniar al hombre en su totalidad.

Para Moshé el ser humano debe satisfacer por igual sus necesidades espirituales y humanas. La vida oscila entre el  realismo que obliga a la lucha por la subsistencia y el idealismo que sirva para su espíritu. La vida es una combinación de dos dimensiones. Moshé aspira traer la santidad a lo cotidiano. La santidad a la materia, incluso a los órganos del cuerpo, que otros creen son únicamente funcionales.

El Judaísmo reconoce que la persona no está hecha de una sola pieza.

Es una combinación de lo ideal, y real. Se requiere ser impulsado por el ideal de la santidad, sin perder el contacto con la realidad. El judaísmo nos exige a todos la mejora moral. Aquellos que sienten el materialismo de Datán y Aviram ven como objetivo conformarse con lo material y  desde otro lado, los alumnos de Koraj creen que no deben preocuparse por el pan y el techo de sus familias y exigen apartarse de la vida cotidiana, para llegar al espíritu.

La respuesta a estos grupos se encuentra en la actitud de Moshé y Aarón: “Ante esto, ellos cayeron sobre sus rostros y dijeron: “Oh Dios, el Dios de los espíritus de toda clase de carne, ¿pecará un solo hombre y te indignarás contra la entera asamblea?”. Moshé y Aarón caen sobre sus rostros ante Dios. Saben que son de carne y hueso, y que Dios es la autoridad sobre el espíritu y sobre la materia. A los otros se los tragó la tierra.

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