Por Ethel Barylka

En la lectura de esta semana encontramos un capítulo dedicado a las festividades. Allí aparecen las solemnidades bíblicas, y los días intermedios de Pesaj y Sucot. El capítulo que tiene 44 versículos, está dividido en dos partes iguales de 22. La inicial se dedica al primer mes y a las fiestas relativas a él, incluyendo el Omer y Shavuot y la segunda al séptimo mes, Tishrei.

Como sabemos el calendario hebreo señala más de un año nuevo y en esta división lo podemos ver claramente. Cada parte comienza con un año nuevo distinto: Nisán inicia el año escriturístico e histórico, que señala el nacimiento del pueblo judío a su salida de la esclavitud como está escrito: “Este mes será para ustedes el comienzo de los meses. Será para ustedes el primero de los meses del año (Éxodo 12:2)”. Tishrei es el inicio de la cuenta de la naturaleza agrícola: “También, la fiesta de la cosecha de los primeros frutos maduros de tus labores, de lo que siembras en el campo; y la fiesta de la recolección a la salida del año, cuando recojas tus labores del campo (Éx. 23:16)”.

Podemos aprender la importancia de las festividades en la existencia del pueblo de Israel, entre otras cosas, de las veces que el Pentateuco nos las presenta. En tres lugares nos recuerda las festividades, en Vaikrá (Levítico), en Bemidbar (Números), y en Devarim (Deuteronomio). En la lectura de esta semana aparecen como un intento de darle al pueblo un calendario común y colectivo, que conduzca su experiencia nacional. A su salida de la esclavitud no sólo recibe su agenda sino también su orden del día. Cada fiesta se convertirá en la plataforma común de la vida. Los antes esclavos ahora en calidad de remisión, reciben su tiempo propio para gobernarlo. Shimshon Refael Hirsch nos enseña que “la libertad de una persona se nota cuando ésta tiene el derecho de gobernar sus  tiempos. Quien es dueño de su tiempo es libre. Pero son esclavos aquellos cuyo tiempo es dominado por otros. En Egipto no contábamos con un minuto propio, y la falta de derechos para gobernar nuestro tiempo era muestra fehaciente de la esclavitud. Ahora el tiempo es de dominio de D-os que nos sacó de la sumisión para que le sirvamos, y ello nos concede libertad eterna.” 

Nuestra lectura nos recuerda la cuenta del Omer: “Y desde el día después del descanso –el primer día de Pesaj-, desde el día de llevar ustedes la gavilla de la ofrenda mecida, tienen que contarse siete semanas. Deben resultar completas” ( Vaikrá – Levítico 23:15-21).

Cuando los meses eran fijados por el testimonio de quienes veían el nacimiento de la luna nueva, Shavuot no tenía fecha fija. A veces resultaba el 5, otras el 6 y hasta el 7 de siván. Y la frase “después del descanso” generó uno de los mayores conflictos entre saduceos y fariseos. Los fariseos interpretaron que se trataba del día siguiente al primero de Pesaj mientras que los demás lo fijaron en el siguiente después del  shabat. Por ello hay quienes festejan el Pentecostés en domingo.  

Para la tradición judía esa fecha nos rememora la recepción de la Torá, sacándola del conjunto de las festividades agrícolas.  “Al tercer mes después de haber salido los hijos de Israel de la tierra de Egipto, el mismo día, entraron en el desierto de Sinaí” (Éxodo 19:1)”. Mes tercero de la cuenta de nisán, exactamente tal como la festejamos hoy con ese significado. 

Si nos fijamos en el contexto histórico de cada festividad veremos que Pesaj, es el comienzo del camino hacia la libertad, Shavuot es el momento de la entrega de la Torá y Sucot recuerda los cuarenta años de vagar en el desierto. 

¿Y el Omer?  Obviamente, hemos celebrado el final de la jornada en la entrada a la tierra prometida, cuando acamparon en Gilgal, en los llanos de Jericó,  “y procedieron a llevar a cabo Pesaj el día catorce del mes, por la tarde, en las llanuras desérticas de Jericó.  Y empezaron a comer del fruto de la tierra el día después del Pesaj , tortas no fermentadas y granos tostados, en este mismo día.  Entonces el maná cesó al día siguiente cuando hubieron comido del fruto de la tierra, y no ocurrió más maná para los hijos de Israel, y empezaron a comer del producto de la tierra de Canaán aquel año” (Josué 5:10-12).   Sólo entonces, con la entrada a Israel pudieron comenzar a contar el Omer, por lo que sólo allí pudieron  comer los cultivos del país. 

Shavuot se queda así con su doble significación histórica: su relación con la entrega de la Torá y con el ingreso a Israel. 

En el largo tiempo del exilio, la Torá e Israel se hallaban desconectados físicamente, y Shavuot marcó el puente de la conexión y su incumbencia. Fue la Torá la que recordó a las personas  su relación indestructible con Israel, haciendo que el pueblo de Israel, la Torá y la Tierra de Israel fueran una y únicas. 

En estos días del conteo del Omer festejamos también nuestra renovada independencia, gracias a todos quienes durante generaciones supieron cuidar su vínculo al pueblo, a su historia, a su fe y a su herencia. 
El Movimiento Sionista enfatizó la necesidad del resurgimiento de la tierra de Israel como la patria del pueblo judío. 
En estos días festejamos un vínculo de miles de años y la concreción de un sueño. El anhelo y la nostalgia convertidos en acción. 
                                                                                                           

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