Por Ethel Barylka                                                        Ilustración: @evaholzarte

El Éxodo es uno de los acontecimientos más conocidos en nuestro pueblo. No hay ningún niño o adulto que no haya oído hablar de este evento constitutivo, del que ha surgido nuestra identidad nacional. El Éxodo, -la redención-, se considera el evento histórico más importante en el que Dios intervino de manera directa en la tierra después de la creación del mundo y el diluvio.
Ello nos plantea muchas preguntas.

Cuando Dios habla a Moshé le dice:” Por tanto, dile a los Israelitas: ‘Yo soy el Señor, y los sacaré de debajo de las cargas de los egipcios. Los libraré de su esclavitud, y los redimiré con brazo extendido y con grandes juicios. Los tomaré a ustedes por pueblo Mío, y Yo seré su Dios. Sabrán que Yo soy su Dios, que los sacó de debajo de las cargas de los egipcios. Los traeré a la tierra que juré dar a Abraham, a Isaac y a Yaakov, y se la daré a ustedes por heredad. Yo soy el Señor.'” De esta manera Moshé habló a los Israelitas, pero ellos no escucharon a Moshé a causa del desaliento y de la dura servidumbre” (Shemot 6:6-9).

El plan de redención aparece en tres versículos en los que aparecen mencionadas las que denominamos las “cuatro lenguas de la redención”, que en realidad son cinco verbos. El orden de aparición de las expresiones no es casual. ¿Por qué ponemos especial énfasis en los primeros cuarto? ¿Y por qué sólo por esos cuatro nuestros Sabios determinaron que deberían beberse cuatro copas en la noche del Seder de Pesaj? (Talmud de Jerusalén, Pesajim capítulo 10, halajá 1. Bereshit Rabá parashá 88:5, Shemot Raba parashá 6,4).

La pregunta que nos ocupa se vincula a si acaso el proceso de la liberación termina con ‘Los tomaré’ a ustedes por pueblo Mío, y Yo seré su Dios” o con “’Los traeré’ a la tierra que juré dar a Abraham, a Ytzjak y a Yaakov”.
Algunos consideran que no se incluye el quinto verbo “los traeré a la tierra”, porque de cualquier modo, la tierra estaba garantizada a nuestros antepasados por la promesa que había sido realizada a nuestros patriarcas ​​y, por lo tanto, no es necesario mencionarlo e incluirla en verbos que describen la redención,

El Or Hajaim piensa de manera diferente y dice que traerlos a la tierra es un condicional” o sea, traerlos a la tierra es una condición que se deriva de “los tomaré a ustedes por pueblo Mío, y Yo seré su Dios. Sabrán que Yo soy su Dios, que los sacó de debajo de las cargas de los egipcios y ustedes ciertamente sabrán que yo soy su Dios”. Es decir, no hay nada predeterminado a pesar de la promesa, sino que depende de vuestro comportamiento.  Nada está garantizado, aún si hay una promesa ya que depende del vínculo del pueblo con Dios y su conducta y parecería que “Y los tomaré a ustedes como pueblo Mío” es determinante en este sentido, para que os introduzca a la tierra que os fue prometida.

“Dios no estableció una iglesia, sino un pueblo. La vida de un pueblo completo fue diseñada por Él. Israel será un pueblo, y no solo una multitud de creyentes” dice Rabí Shimshón Rafael Hirsch, en su explicación a estos versículos. Ahora estáis comenzando la existencia de una nación libre. Ahora estáis empezando a comportaros de acuerdo con ciertas reglas y no solo a creer.
El conocimiento que se requiere de vosotros es un conocimiento profundo que conduce a la acción y a la responsabilidad, y no sólo a la creencia emocional. Hoy se convierten en una nación, antes de ingresar a la tierra y vuestra existencia como pueblo no depende de vuestra propiedad de la tierra de Israel, “sino la propiedad sobre la tierra de Israel está condicionada a vuestra fidelidad a vuestra función como nación” (ver Rabí Shimshón Rafael Hirsch).

La propiedad de la tierra no es en sí misma la función nacional, sino el resultado de vuestra capacidad para cumplir la función nacional. Y si es así, queda bastante claro por qué el pueblo no escuchó a Moshé “por su impaciencia y trabajo duro”. Un pueblo de esclavos preocupados por el día a día, por subsistir, y sin poseer una amplitud del corazón, no tiene posibilidad de percibir la visión nacional.

No se percibe a sí mismo de manera distinta de lo que el opresor lo percibe. Las ocupaciones de la hora le exigen todas las energías y no le dejan ningún espacio emocional más allá de ello, o tal vez aún más, como dice el midrash: “Les era difícil renunciar a la idolatría” (Mejilta del Rabino Ismael Ba – Masejet de Pasja parashá 5)

La servidumbre no es solo física sino también mental. Romper las cadenas de la materia y luchar por la trascendencia espiritual humana es casi imposible para una nación esclava.
Por eso la redención vino casi contra su voluntad.
Dios debe devolver a su pueblo su libertad para que éste pueda conocerlo en un conocimiento verdadero, libre y significativo que emana de la libre elección, que conduce a la acción y no al habla.
Por lo tanto, no importa si Moshé no puede hablar con precisión o es tartamudo.
Del líder del pueblo no se exigen palabras, sino acciones.

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