Por Ethel Barylka                                                                         Ilustración: @ofra_friedland

Pese que la profetisa Miriam aparece pocas veces en la Torá su personalidad se destaca particularmente.

Así, en nuestra Parashá es nombrada incidentalmente en el versículo que relata su fallecimiento: “Y los hijos de Israel, la entera asamblea, procedieron a entrar en el desierto de Zin en el primer mes, y el pueblo se puso a morar en Qadésh. Allí fue donde murió Miriam, y allí fue enterrada” Números 20:10.

El verso siguiente dice “resultó que no había agua para la asamblea”, sin que aparezca mención alguna al duelo del pueblo pese a la estimación que sentía, como se expresa cuando todo el campamento la espera cuando sufrió de lepra. También en el Cántico del Mar, su participación es ocultada, pese a la fuerza de su presencia “Y Miriam la profetisa, hermana de Aarón, procedió a tomar una pandereta en la mano; y todas las mujeres empezaron a salir con ella con panderetas y en danzas. Y Miriam siguió respondiendo a los hombres: “Canten al Señor porque se ha ensalzado soberanamente. Al caballo y a su jinete en el mar ha lanzado” Éxodo 15:20-21. Tal vez sea esta una insinuación acerca de que es posible conducir e influir con otro modelo de liderazgo, más tranquilo y menos resentido. Quizás una indicación a ver que un pueblo necesita de ambos modelos o en palabras del profeta Miqueas (6:4) “Porque te hice subir de la tierra de Egipto, y de la casa de esclavos te redimí; y procedí a enviar delante de ti a Moisés, Aarón y Miriam”.
Hay necesidad de un liderazgo diferente, para tiempos disímiles y para misiones desiguales. Varios exégetas y entre ellos Rashí, siguiendo la traducción de Yonatán, ven que: “Moshé para enseñar la tradición y las normas, Aarón para perdonar el pueblo, y Miriam para enseñar a las mujeres”. Malbim dice: Enviaré ante ti a Moisés, porque fueron alimentados por sus privilegios… como está escrito que la maná caía por Moshé… y les enseñó el buen camino, Moshé a los varones y Miriam a las mujeres y Aarón, fue el sacerdote de Dios. Leyendo esta interpretación tendemos a explicar la separación de género, por el recato, división por sexo, etc.
En ese mismo sentido, la guemará, al incluir a Miriam junto a Abraham, Isaac y Jacob, Moshé, y Aharon que murieron durante su sueño, pese a que la Torá no lo describe explícitamente (Ver Baba Batra 17 a, Rabenu Bejaya en Levítico 21, Yalkut Shimoni Parashat Jaye Sara 106) comenta que la Torá no lo dijo porque “no es respetuoso hablar así de una mujer”. Aprendimos que “tres líderes, tuvieron los hebreos en el desierto: Moshé, Aarón y Miriam (Batei Midrashot, I, midrash ‘Veele’). Pero, parecería como si la Torá hubiera ocultado sus comentarios acerca de Miriam, y disimuló o encubrió parte de su personalidad. Sin embargo, es probable que haya otra posibilidad de interpretación. Muchos midrashim explican el texto en otro sentido, más conocido por nosotros: ‘por el privilegio de Miriam los hijos de Israel tuvieron agua en el desierto, de esa fuente magnificente de Miriam, y así dice Bemidbar Rabá: “enviaré por delante a Moshé, Aarón y Miriam,… el maná por Moshé, sabe que fue por él porque cuando falleció cesó el maná (Josué 5).
“Y el maná cesó el día siguiente, desde que comenzaron a comer del fruto de la tierra; y los hijos de Israel nunca más tuvieron maná, sino que comieron de los frutos de la tierra de Canaán aquel año”. Y las nubes de honor que acompañaron a los hijos de Israel a su salida de Egipto desaparecieron cuando murió Aarón y   (Rosh Hashaná 3 a) y cuando murió Miriam ya no hubo agua, y ¿cómo era esa fuente de agua? Estaba hecha de peña como una colmena que rodaba y acompañaba al pueblo en sus movimientos, y cuando descansaban y el tabernáculo se detenía, esa peña quedaba en el patio del Tabernáculo de Reunión y los jefes de las tribus venían y se paraban frente a ella y decían Sube, oh pozo; a él cantad; Pozo, el cual cavaron los señores” (Bemidbar Rabá parashat Bemidbar Parashá 1, inciso 2). Las aguas que vivificaban al pueblo en el desierto eran conocidas como la fuente de Miriam. No solo tenía presencia sino una presencia culminante, porque no se puede concebir vida sin agua. El agua que sale de esa fuente nos recuerda la peña que Moisés golpeó, después de la muerte de su hermana y la congregación se reunió para protestar. Un pueblo de esclavos, cansado del camino que pese a las maravillas diarias que atestiguó, no confía en milagros y exige soluciones a sus dirigentes.

Moshé y Aarón reciben una instrucción muy simple: “Toma la vara, y reúne la congregación, tú y Aarón tu hermano, y hablad a la peña a vista de ellos; y ella dará su agua, y les sacarás aguas de la peña, y darás de beber a la congregación y a sus bestias” (Números 20) que era una orden muy simple que se complicó: “Entonces alzó Moisés su mano y golpeó la peña con su vara dos veces; y salieron muchas aguas, y bebió la congregación, y sus bestias”. Por esa desobediencia Moisés y Aarón recibirán un castigo suculento: “Y el Señor dijo a Moisés y a Aarón: Por cuanto no creísteis en mí, para santificarme delante de los hijos de Israel, por tanto, no meteréis esta congregación en la tierra que les he dado”.
Y así se oculta la imagen de Miriam. No sabemos cómo condujo a las mujeres con sus cantos, tampoco sabemos por cuál de sus prerrogativas la peña dio agua. Miriam no se expresa mucho verbalmente y cuando habla es castigada con lepra. Pero se nota que hace y que influye.
La misma Miriam que cuida a su hermano Moisés a las orillas del río, trae vida al pueblo a partir de su fuente, se destaca por su fluir como el agua, que llega a todos y es fuerte como la peña.

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