Por    Shlomit Szejer de Cucuff  

Cómo enseñar a los niños a respetar a sus padres

La construcción de la autoridad

Uno de los temas más difíciles de abordar, para los padres judíos, en el último tiempo, probablemente sea el ejercicio de la autoridad.

Existen diversas estrategias que pueden ayudar a ejercer la autoridad en forma sana, sin embargo, el primer paso es comprender la importancia del asunto.

Observemos el siguiente estudio: Se clasificó a un grupo de padres según su “estilo de crianza”: “autoritario” (quienes imponen su autoridad por la fuerza), “deja hacer” (quienes permiten hacer a sus hijos lo que les plazca) y “autoridad adecuada” (según lo llamaremos nosotros, quienes ejercen una autoridad sana). Se testeó a los hijos de estos padres en distintos ítems. Este estudio concluyó, entre otras cosas, que aquellos hijos de padres que ejercían un estilo de crianza de “autoridad adecuada” tendían a tener una mayor autoestima y un mejor rendimiento escolar que los hijos de padres “autoritarios” o “deja hacer”. (El estudio se repitió con distintos grupos, de distintos colegios y de distintos países, y tiene un amplio respaldo científico).

Una de las cosas que dificulta el ejercicio apropiado de la autoridad, es que muchas veces los padres piensan que el ejercicio de la autoridad es en beneficio propio (para poder vivir más tranquilo o “tener la casa ordenada”). La autoridad, sin embargo, beneficia al niño en su desarrollo emocional. Le brinda al pequeño seguridad y tranquilidad.

La autoridad no implica únicamente que el niño haga caso. Tiene que ver con la incorporación de la figura de autoridad. Sólo así podrá en el futuro vincularse con otras figuras de autoridad: maestros, directivos, jefes, policías.

¿Qué entendemos por “autoridad sana”? y ¿dónde encontramos este tema crucial en el tanaj?

Cuando Yosef (a quien luego llamamos “Yosef Hatzadik”, por lo que relataremos a continuación) tras las insistentes provocaciones de la esposa de Potifar, estuvo a punto de pecar con ella, dice la Torá, “Ela sheniret lo dmut deiuknó shel aviv…”: Se le presentó la figura de su padre (y no pecó). (Rashí, Bereshit  39: 11 parashat Vaieshev). 

Según el psicoanálisis, una de las corrientes psicológicas, el ser humano está regido por tres “fuerzas”: Ello, Yo y Súper yo. Esta última, representa la voz de la conciencia de la persona, y está representada por la figura del padre: esta representa “la ley”, la autoridad.

Cabe aclarar en este punto, que hablamos de representaciones, en sentido metafórico, la responsabilidad del ejercicio de la autoridad, ciertamente, corresponde a ambos, padre y madre.

Volviendo al relato de Iosef, debemos advertir, que el padre de Yosef (Yaakov), no estaba presente físicamente junto a Iosef. Iaakov se encontraba en Canaan, mientras su hijo, en Mitzraim. Lo que salvó al tzadik del pecado, fue la representación de la figura de su padre: la voz de la conciencia, el Súper yo.

Vemos que ya desde la Torá, la figura de autoridad está representada por el padre. 

Sólo si el niño respeta a sus padres, será capaz a la postre de respetar a la máxima autoridad: Su Padre, que está en el Cielo.

 

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