Por Gladys (Galia) Fernández                                  Ilustración: Nora Kimelman

 

Parashat Vaieshev comienza diciendo: “Yaacov se asentó…” (1). El tiempo ha transcurrido y pareciera que por fin nuestro Patriarca Yaacov pudo asentarse en la tierra de Canaán. Sabemos que el tiempo de descanso en su vida no va a durar mucho, pero al fin él puede experimentar el descanso y comenzar a disfrutar de la vida.

Pero si de luchar y buscar un lugar en el mundo se trata, para poder asentarse y vivir en paz, esta semana nos convoca una gran mujer.

Tamar.

¿Qué tengo que hacer para llamar la atención?

El episodio en la Torá nos cuenta que Tamar queda viuda dos veces, de dos hijos de Yiheudá. Ante la imagen terrible de la ishá katlanit, su suegro se rehúsa entregar a su tercer hijo, aludiendo que es pequeño aun y envía a Tamar de vuelta a la casa de sus padres, hasta que crezca su tercer hijo. (2)

Cuenta la Torá que, pasado muchos días, su suegro Yehudá queda viudo. Y aun así el tercer hijo había crecido y nunca había sido entregado por esposo a Tamar. Ella se entera de lo acontecido y sale al encuentro de su suegro, sacándose sus ropas de viudez, se cubre con un velo y va decidida a la encrucijada del camino donde solían encontrarse a las rameras. Es allí que Yheudá la encuentra, no la reconoce y se llega a ella. Pero como pago Yehudá le promete enviar un cabrito de su rebaño. Tamar acepta, pero le pide como prenda hasta que le envíe el cabrito, su sello, su manto y el bastón que tenía en su mano. Yheudá acepta y se llega a ella. De esta manera Tamar queda embarazada. (3)

En el Talmud, tratado de Kidushim 81b, nos encontramos con el relato de Rabi Hiyya barAshi que solía decir cada vez que rezaba: “que el misericordioso me salve de la inclinación al mal”. Su esposa, lo escuchó y se cuestionó a si misma el motivo por el cual rezaba así, si ya hacía varios años que no tenía relaciones sexuales con ella.

Así que un día ella se disfrazó y mientras su esposo estudiaba en su jardín, ella pasó varias veces delante de él. Él no la reconoció y le preguntó: ¿quién eres tú?

Ella le respondió: soy Jaruta, una conocida prostituta. Él le propuso llegarse a ella; y ella le pidió algo como pago, una granada de la copa del árbol. Él se levantó de un salto, fue y se lo acercó y tuvieron relaciones sexuales.

Cuando él regresa a su casa su esposa estaba encendiendo fuego en el horno. Él fue y se sentó dentro. Ella sorprendida le preguntó porque hacia eso y él le contó todo lo que le había pasado con la prostituta.

De nada sirvió que su esposa, le haya revelado la verdad. Que había sido ella quien se disfrazó de prostituta para llamar la atención, haberle mostrado como prueba la granada que le había pedido como prenda.

Los sabios aluden que ella actuó de esa manera para preservar a su esposo de caer en tentación con otra mujer.

Aun así, Rabí Hiyya no se perdonó su transgresión.

Pero quiero destacar entre tantas cosas lo siguiente: dos mujeres, dos necesidades, dos prostitutas.

Y el trabajo para poder ser reconocidas en la vida y ser miradas por sus esposos; y todo esto conlleva la ardua tarea de ser alguien en los tiempos bíblicos y talmúdicos, pero solo a través del esposo y de los hijos.

Entonces les propongo algo… ¿Y si jugamos? ¿Si nos ponemos algún disfraz y buscamos un poco que hay detrás?

Estas dos mujeres apelan a ser prostitutas para ser miradas.

Una para tener descendencia de la familia que había elegido como es el caso de Tamar. Otra para ser mirada por su esposo que ya no se llegaba a ella.

La esposa de Rabi Hiyya se dice llamar Jaruta a la hora de llamar a su esposo. Un nombre muy relacionado con la palabra jeirut que significa libertad. ¿Qué relación tienen las vestimentas de prostitutas con la libertad? ¿Será acaso que en aquellos tiempos las mujeres se sentían libres de hacer su voluntad asumiendo un rol de prostituta?

Tamar para llegar a ser alguien en la vida, tuvo que cambiar sus ropajes y allí sí, su suegro la miró y ella consigue tener descendencia.

No cabe duda que las mujeres han recorrido un largo camino buscando (del verbo lejapes que significa buscar) un lugar para ser reconocidas.

Y la única manera fue disfrazándose (del verbo: lehitjapes) de lo que no eran.

Cambiando sus ropas (begadim en hebreo) y traicionando (del verbo libgod).

Lejapes (buscar) y lehitjapes (disfrazarse) comparten la misma raíz.

Begadim (ropas) y libgod (traicionar) también.

Para la mujer no hay descanso, en los tiempos bíblicos menos. Y parece que todo vale a la hora de ser Una Mujer con mayúsculas.

 

  • Bereshit 37:1
  • Bereshit 38:6-11
  • Bereshit 38:12-18

 

 

 

 

 

 

 

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