Por Ethel Barylka                                                Ilustración: @karlagudeon

Entre los recorridos decisivos para el futuro nacional que nos presenta esta parashá, se encuentra entretejido el relato del nacimiento de Ishmael, que tiene de trasfondo la esterilidad de Sara. La esterilidad de Sara nos es conocida aún antes de que parta al camino hacia Canaán, relatada ya en el capítulo 11 de Bereshit (27-32): Y esta es la historia de Teraj: Teraj llegó a ser padre de Abrám, Najor y Harán; y Harán llegó a ser padre de Lot. Harán murió mientras estaba en compañía de Teraj… Y Abrám y Najor procedieron a tomar esposas para sí. El nombre de la esposa de Abrám fue Sarai, mientras que el nombre de la esposa de Najor fue Milcá…  Pero Sarai continuó estéril; no tenía hijo alguno”.  Najor toma a Milcá, su prima, como esposa, Abrám, el tercer hermano, toma –según nuestros sabios- a Iscá.  “Iscá es Sara”, nos enseña Rashí y explica que “fue nombrada Iscá (de una raíz que significa “ver”, “mirar”) porque podía ver el futuro por inspiración divina, y porque todos miraban (contemplaban) su belleza (Meguilá 14a). El nombre Iscá también tiene una referencia etimológica a la ‘dignidad principesca’ (como Nesijá-princesa) al igual que el nombre Sara tiene una alusión a ‘gobierno’, ‘autoridad’ (srará)” (Rashí, Bereshit 11: 29). También el nombre de Milcá tiene resonancias de ‘maljut’’ –reinado-. Evidentemente era una familia con aspiraciones reales. Según otros midrashim, Iscá es Hagar. Pero ésta es una historia que retomaremos en otro instante.  En cuanto a la esterilidad de Sara mencionada desde el momento de su entrada en escena, como una extraña carta de presentación acompañará a la pareja en su recorrido.Inmediatamente después del versículo de presentación leemos la orden del Lej Lejá:

“Vete de tu tierra, 

de entre tus parientes 

y de la casa de tu padre,        

 a la tierra que yo te mostraré”  (Bereshit 12:1).

Abrám y Sarai, salen al camino, siguiendo el mandato, conscientes ambos de su infecundidad.  La vida, en su camino, les conducirá a territorios desconocidos no solo geográficamente.  Abrám recibe la orden pero también la promesa:

“Haré de ti una nación grande, 

 y te bendeciré, 

y engrandeceré tu nombre, 

y serás bendición.

Bendeciré a los que te bendigan, 

y al que te maldiga, maldeciré. 

Y en ti serán benditas todas las familias de la tierra.Entonces Abrám se fue tal como H´ le había dicho; y Lot fue con él. Y Abrám tenía setenta y cinco años cuando partió de Harán. Y tomó Abrám a Sarai su mujer, y a Lot su sobrino, y todas las posesiones que ellos habían acumulado, y las personas que habían adquirido en Harán, y salieron para ir a la tierra de Canaán; y a la tierra de Canaán llegaron… Y H´ se apareció a Abrám, y le dijo: A tu descendencia daré esta tierra”  (Bereshit 12: 2-7).

    Abrám expresa su agradecimiento a Dios con la construcción de un altar.  El relato continúa de forma sorprendente: pese a la manifestación de fe de Abrám, éste no confía en que Dios le solucione el problema de su subsistencia y decide descender a Egipto, a causa de la hambruna.Y hubo hambre en la tierra; y Abrám descendió a Egipto para pasar allí un tiempo, porque el hambre era severa en la tierra” (Bereshit 12:10).  En ese descenso a la tierra de Egipto se produce un cambio en la dinámica familiar, familia que de hecho está constituida únicamente por la pareja. Abrám pide que Sarai mienta por él, y por ellos.“Y sucedió que cuando se acercaba a Egipto, dijo a Sarai su mujer: Mira, sé que eres una mujer de hermoso parecer; y sucederá que cuando te vean los egipcios, dirán: Esta es su mujer; y me matarán, pero a ti te dejarán vivir. Di, por favor, que eres mi hermana, para que me vaya bien por causa tuya, y para que yo viva gracias a ti” (Bereshit 12:11-13).

Ella lo hace e inmediatamente después su voz desaparece y no vuelve a oírse sino después de un largo período. Najmánides-Ramban nos indica:  “se ve del texto de los versículos que Sara no aceptó decir lo que expresó, pero los egipcios eran infernales… y cuando la vieron y elogiaron frente a Faraón, la llevaron a su residencia… y ella calló y no descubrió que era su esposa, y es Abraham quien revela que es su hermana, y por ello le beneficiaron, y eso es lo que explicó el versículo 18: “Por lo tanto Faraón llamó a Abrám y dijo: “¿Qué es esto que me has hecho? ¿Por qué no me informaste que era tu esposa?”- Le culpó por no haber revelado cuando la conducían a Faraón, que era su cónyuge, y volvió a culparle cuando también le confió a los ministros y a las personas que servían a Faraón que era su hermana. Pero, en ningún momento culpa a Sara por ello, porque no era honorable que contradiga a su pareja, su silencio era razonable” (Ramban, Bereshit 12-11).

Najmánides, hombre de su época, expresa claramente la idea de que Faraón no reclama a Sarai su mentira ya que es obvio que la mujer no puede contradecir a su marido y mucho menos delante de otros. Su conducta no es criticable, por lo contrario actúa conforme a lo esperado de ella. Frente al silencio de Sarai oímos las palabras de Abrám: “Señor Soberano, ¿qué me darás, puesto que estoy sin hijo y el que poseerá mi casa es Eliezer un hombre de Damasco?” (Bereshit 15:2). Abrám se queja por su soledad. Y Sarai ¿Acaso renunció a ser madre? ¿Aceptó su esterilidad? No oímos su queja, ni su plegaria, ni vemos sus lágrimas…  Ni siquiera se insinúa su sufrimiento o su preocupación, si acaso la hubo.  Pero… más adelante, encontraremos una mujer activa, asertiva e incluso muy enfadada. Cuando expresa a Abrám su queja por el desprecio y desdén con que la trata Hagar, dice: Sarai dijo a Abrám: Recaiga sobre ti mi agravio. Yo entregué a mi sierva en tus brazos; pero cuando ella vio que había concebido, me miró con desprecio. Juzgue H´ entre tú y yo” (Bereshit 16:5).  Sobre lo cual dice Rashí:  …”a ti culpo por el castigo, cuando oraste ante el Santo Bendito diciéndole “¿qué me darás y yo estoy sin hijos?”, no oraste sino por ti, cuando debiste hacerlo por los dos, y en ese caso Dios me hubiera tenido en cuenta junto contigo. Y más aún, me privas tus palabras de protección, porque oyes mi vergüenza y desgracia y te quedas callado”. Punzantes palabras de reclamo.Es Sarai quien encuentra solución a su infertilidad y propone que Abrám tome como mujer a Hagar. Lo hace después de 10 años y después de la promesa divina a Abrám: “A tu descendencia daré esta tierra, desde el río de Egipto hasta el gran río, el río Éufrates” (Bereshit 15:18). ¿La iniciativa de Sarai nos habla acerca de su fe y esperanza o acerca de su frustración y desesperanza? Su esposo Abrám, vivió una Revelación Divina, en la que recibe promesas incomprensibles y ella de alguna manera queda desplazada a segundo plano.  Pero… en una acción rápida regresa al centro del escenario: “Ahora bien, Sarai, esposa de Abrám, no le había dado hijos; pero ella tenía una sierva egipcia, y el nombre de ésta era Hagar. Por lo tanto Sarai dijo a Abrám: “¡Ah, por favor! H´ me ha excluido de dar a luz hijos.  Por favor, llégate a mi sierva. Quizás yo consiga hijos de ella”.  De modo que Abrám escuchó la voz de Sarai. Entonces Sarai, esposa de Abrám, tomó a Hagar, su sierva egipcia, al cabo de diez años de haber morado Abrám en la tierra de Canaán, y se la dio por mujer a Abrám su marido” (Bereshit 16:1-3).

Las esperanzas de Sarai se cumplen y Hagar embaraza, pero, los acontecimientos, al igual que la vida, no se producen necesariamente como suponemos sería. “y ella –Hagar- se dio cuenta de que estaba encinta, y empecé a ser despreciada a sus ojos” (Bereshit 16:4). Sarai protesta y recibe una sorpresiva respuesta de Abrám:   “¡Mira! Tu sierva está a disposición tuya. Hazle lo que parezca bien a tus ojos”. Entonces Sarai se puso a humillarla de modo que huyó de ella” (Bereshit 16:6). Hagar regresa de su estatus de mujer a su estatus de sierva, por lo menos así se cuida de llamarla Abrám delante de Sarai.

La situación en la familia va complicándose más aún. Sarai revela facetas despiadadas cuando maltrata a Hagar y la obliga a huir. Rambán (Najmánides), nos dice: “la atormentó Sarai, y huyó de ella- pecó Sarai, nuestra matriarca, al afligirla de esa manera, y también Abrám por permitírselo, y oyó El Señor su tormento y le concedió un hijo mal educado, irrespetuoso y salvaje para someter a los hijos de Abraham y Sara a todo tipo de sufrimiento”. Rambán no deja ninguna duda. Sarai se equivocó con su conducta y Abraham se lo permitió. La prueba es que Dios oyó el tormento de Hagar. Hagar huyó al desierto, allí encontrará un ángel divino que vendrá en su ayuda esta vez como lo hará cuando Abrám la envíe al desierto después del nacimiento de Ishmael. Allí encontrará a Dios que escucha el llanto del niño, tal como muchos otros encontraron una expresión de compasión divina en el silencio y la quietud, la del desierto. En ese espacio en el borde de la subsistencia, encontraron la vida.

La conducta de Sara nos presenta un desafío moral impostergable. La Torá en su grandeza no oculta ni censura el problema. Sarai, herida, busca recuperar su lugar en el seno de la pareja ¿por celos? ¿Por el honor de su marido? o ¿acaso la cercanía de Abrám con Hagar pone en peligro la misión que les fuera encomendada? Y de ser así ¿justifica esto su conducta? Algunos de los exegetas clásicos intentan dar respuesta a esta disonancia moral. Así Sforno plantea: “…Sin embargo, el objetivo de Sarai al maltratar a Agar era recordarle el hecho de que seguía siendo su esclava. Ya no iba a insultar a su amante. Quería dejar en claro que cualquier gentil que insulte a los israelitas experimentará un trato severo similar. Compara Isaías 60:14 “todos los que te maltrataron se postrarán a tus pies (de Israel)”. Y el comentarista italiano del S. XV, Ovadia ben Abraham Bartenura observa:  “Es difícil (de aceptar) cómo Sara la Piadosa hace una cosa así. Y hay que decir que como Hagar la había maltratado y  se había burlado de ella al principio como está escrito “y ella –Hagar- se dio cuenta de que estaba encinta, y empecé a ser despreciada a sus ojos” (Bereshit 16:4). Por eso la atormentaba de modo como está permitido según la mitzvá de “no os hagáis mal uno a otro.”(Vaikrá 25:14) que está escrito que si alguien te hace mal (te engaña) puedes tú también hacerlo…”

El hecho que los Jajamim hayan intentado estas explicaciones nos enseña acerca de la vitalidad del estudio por un lado, donde todo es posible de ser pensando  y por el otro, acerca de la posible intención de la Torá que no trata de ocultar sino por el contrario nos presenta a nuestros antecesores en toda su dimensión humana para que aprendamos de ellos. Allí aprendemos que si figuras tan importantes pudieron cometer errores tan graves cada uno de nosotros debe cuidar sus pasos y asumir la responsabilidad por sus acciones. Nadie está libre de las conductas injustas e inmorales. De eso se trata, de poder ser conscientes a cada paso de nuestras acciones y allí estará también nuestra madre Sara para ponernos la luz roja.​

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