Por Ethel Barylka                                                                         Ilustración: Rivka Lambergart

Parashat Vayetzé nos presenta una serie de tensiones entre opuestos.
Comienza con el sueño de Jacob de una escalera emplazada entre la Tierra y el Cielo (Génesis 28:12), y avanza hacia la tensión entre las dos hijas de Laván, Lea y Rajel.
En el trasfondo está el conflicto entre Yaakov y Esav. Yaakov llega a Harán después de huir de su hermano, y desde el principio, los enfrentamientos entre Esav y Yaakov se desarrollan descubriendo el contraste entre ellos.
Los contrastes y los conflictos entre hermanos no son nada nuevo, ya lo habíamos visto más que insinuados en las relaciones entre Caín y Hevel y los veremos luego en la tensión que existió entre Yosef y sus hermanos.
El tema de la esterilidad es otro de los ejes que atraviesa las historias del Génesis y especialmente en nuestro caso. Sara, Rivká y Rajel son estériles e incluso acerca de Lea aprendemos que hay una intervención divina directa para que embarace: “Y vio el Señor que Lea era menospreciada, y le dio hijos; pero Raquel era estéril” (Génesis 29: 31).
Yaakov se enfrenta en su vida con diferentes dimensiones de tensiones y contrastes. Él es Yaakov, pero también es Israel. De él provienen los hijos que suscriben el pacto del Señor, y de ellos descendemos. Las tribus son la base de la nación y su desarrollo a partir de Yaakov surge de una realidad emocional y espiritualmente poderosa y tormentosa. Yaakov, que al final de su existencia, descubre lo que antes no había podido ver, conoce la experiencia de la vida y sabe diferenciar muy bien a sus nietos… más de lo que supo hacerlo con su hermano y sus hijos.
En su vejez ya no sería fácil engañarlo o mentirle, como sucedió con su matrimonio y la venta de Yosef por parte de los hermanos.
Yaakov llega a lo de Labán y le pide le dé a Rajel como mujer.  Labán lo engaña y le entrega a Lea. Cuando Yaakov argumentó: “… ¿Qué es esto que me has hecho? ¿No te he servido por Rajel? ¿Por qué, pues, me has engañado?” (Génesis 29: 25), Labán le responde, “No se hace así en nuestro lugar, que se dé la menor antes de la mayor” (Gen. 29:26). La simplicidad de la respuesta, suponiendo que esta costumbre era conocida por todos, es casi dolorosa. Después de todo, resuena allí el tema de la primogenitura tan familiar a Yaacov. Recordemos que el joven Yaakov engañó a su hermano mayor quitándole la bendición y lo falseó apropiándose de la primogenitura. Yaakov conoce como usar trucos y artimañas, y ahora lo ha experimentado en carne propia. El recordatorio es bastante doloroso y el precio es muy alto: otros siete años de trabajo.
También la pareja de hermanas Lea y Rajel se nos presenta como dos opuestos: “Y Labán tenía dos hijas: el nombre de la mayor era Lea, y el nombre de la menor, Rajel. Y los ojos de Lea eran “delicados” (que tradujimos también como “flácidos”, pero Rajel era de lindo semblante y de hermoso parecer”. E inmediatamente después de eso, Yaakov amó a Rajel, y dijo: Yo te serviré siete años por Rajel tu hija menor” (Génesis 29: 16-18). Del versículo aprendemos que él también amaba a Lea, pero junto con eso que amaba a Raquel más plenamente.
Los versículos nos dan cuenta del amor de Yaakov por sus esposas: “Y se llegó también a Rajel, y la amó también más que a Lea; y sirvió a Labán aún otros siete años”. Y en un sólo versículo, este amor se convierte en odio, “y el Señor vio que odiaba a Lea, y abrió su matriz, y Rajel era estéril” (Génesis 29: 31). ¿Amor u odio? De nuevo dos opuestos uno frente al otro. ¿Quizás Lea se sintió menos amada después de todo? “Y vio el Señor que Lea era menospreciada, y le dio hijos; pero Rajel era estéril.”
El Ramban dice: “Y también amó a Raquel: la Escritura menciona que a Rajel la amaba más plenamente, ya que parecería que por naturaleza el hombre ama más a su primer amor… y aquí Yaakov amaba a Rajel de forma no terrenal”.
Lea sabe que el amor de Yaakov por ella es incompleto. Lea, cuyos ojos “son laxos”, es sensible y comprende la pasión que Jacob siente por su hermana menor. Algunos dicen que sus ojos “son laxos” por el llanto y otros dicen que se sienten livianos y hay interpretaciones de que es un lenguaje elegante para decir (lo contrario) que sus ojos eran hermosos y de ensueño. Rajel, por otro lado, era muy bonita (ver al rabino Hirsch en el versículo). Dios sabe lo que siente Lea. Se siente odiada. Dios sabe lo que Yaakov no consiguió notar.
Lea concibió y dio a luz a cuatro hijos.
Por el significado de los nombres que les da, podemos entender algo de su mundo interior.
“… Cada uno de sus hijos que dio a luz a su esposo también volvieron su corazón a su amor. Y concibió Lea, y dio a luz un hijo, y llamó su nombre Rubén, porque dijo: Ha mirado [del verbo reeel Señor mi aflicción; ahora, por tanto, me amará mi marido”.
Concibió otra vez, y dio a luz un hijo, y dijo: Por cuanto oyó el Señor que yo era menospreciada, me ha dado también éste. Y llamó su nombre Shimón” –[del verbo shamá].
Y concibió otra vez, y dio a luz un hijo, y dijo: Ahora esta vez se unirá mi marido conmigo, porque le he dado a luz tres hijos; por tanto, llamó su nombre Leví” [del verbo lelavot], acompañar. Pero no Leá le da el nombre sino Yaakov, ya que si se lo hubiera dado ella sería una altanería. Leá está ahora segura de que logrará el amor de su marido.
Concibió otra vez, y dio a luz un hijo y dijo: Esta vez alabaré a el Señor; por esto llamó su nombre Yehudá; y dejó de dar a luz. Recién ahora sale de su boca un agradecimiento feliz, alborozado, alegre y gozoso por su maternidad. Por eso, después del cuarto nacimiento, ya no necesita luchar por el amor de su marido, que ya se lo había dado todo. Por eso le puso el nombre Yehudá, [del verbo lehodot]– agradecer”. (Shimshón Refael Hirsch).

Simbólicamente, la relación entre Yaakov y los primeros tres hijos de Lea será extremadamente compleja, hasta que quebrarse. Rubén en base a lo que hizo con Bilha, y Shimón y Leví por el caso del asesinato de Shjem usando un engaño. (Y debe recordarse que Leví se convirtió en la tribu de la cual el sacerdocio vendría solo posteriormente y de acuerdo por su comportamiento en el pecado del becerro de oro).
Solo Yehudá, el niño que nacerá después de la madurez de la relación y el amor verdadero, es el que recibirá la bendición de la que vendrá el reino. Sólo entonces, cuando Yaakov logra superar la disonancia, y puede conectarse él y con su amor, llega la verdadera bendición…

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