Por Ethel Barylka                                                       Ilustración: Chanie Chanin

En parashat Itró aprendimos acerca de la entrega de la Torá en el Sinaí. En parashat Mishpatim, aprendemos acerca de las leyes que permiten transformar los principios generales de Sinaí en una realidad práctica social.

Así, por ejemplo, el primer mandamiento “Yo soy tu Dios que te saqué de la tierra de Egipto, de la esclavitud”, se concretiza entre otras cosas, en la mitzvá de la liberación de los esclavos. Y en la continuación de la parashá, el versículo: “Al extranjero no maltratarás ni oprimirás, porque extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto” (Shemot 22:20) viene a enseñarnos como implementar de manera concreta el principio general de que no debemos olvidar que, de allí, de la tierra de esclavitud y extranjería fuimos liberados por el Eterno.

Rabeinu Bajaye explica en Bereshit 22:20: “La Torá escribe muchas veces sobre la necesidad de tratar a un prosélito de manera justa al ver que está solo en un país en el que no tiene raíces, ninguna familia que pueda protegerlo… La gente tiene la costumbre de molestar a los extraños y menospreciarlos. Por lo tanto, Dios nos advierte que no pensemos que un extraño así no tiene a nadie que retome sus quejas. El Señor mismo peleará su lucha por él. La Torá nos recuerda que todas las personas debemos sentir empatía por los extraños al ver que nos explotaron en Egipto porque éramos extraños. Dios nos enseña que al igual que se compadeció de nosotros, ya que no teníamos a nadie más a quien recurrir, hará lo mismo con tales extraños si surge la necesidad. Curiosamente, la Torá explica así en otro versículo “Y no oprimirás al extranjero: pues vosotros conocéis el alma– el sentimiento del extranjero, ya que extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto.”(Shmot 23:9) No dijo el extranjero sino el alma del extranjero, su alma es siempre sumisa y resignada y sus ojos se dirigen a Dios”.

Cada uno de nosotros sabe que es lo que realmente odia, pero generalmente tendemos a pensar que sólo nosotros lo odiamos y no el “otro”. Cuando sucede esto debemos prestar atención y estar alerta de no caer en la mediocridad espiritual y moral.
Hilel nos guía en este laberinto. Le dice al extranjero con simpleza y sin soberbia: para ser judío tienes que reconocer que tienes que relacionarte con los demás como quisieras que se relacionen a ti. Hilel tenía claro que el fracaso moral, no se da generalmente por el rechazo de principios de manera total sino por la no aplicación de los mismos a un grupo específico de personas. El fracaso moral del adormecimiento de la conciencia a través de la racionalización y las excusas, que ocultan el verdadero motivo por el cual nos comportamos con el otro de manera no adecuada. Hilel nos recuerda en una frase sencilla, conocida hasta por los niños, que todos somos iguales, que todos fuimos creados a Imagen y Semejanza. “Esta es toda la Torá” no es una expresión abstracta sino una instrucción práctica. Toda nuestra conducta debe poder pasar por la prueba, el tamiz, ¡de “no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti!”.

Rabeinu Bajaye trae el versículo:   “El ungüento y el perfume alegran el corazón,
y dulce para su amigo es el consejo del hombre”. Proverbio 27:9 y explica; “En este versículo, Shlomó advierte al hombre que tenga piedad del extraño que ha sido exiliado de su lugar de nacimiento y de su tierra natal. Al ver que la Torá ya nos advirtió en numerosas ocasiones de no aprovechar injustamente a los extranjeros ni con palabras ni con dinero, como está escrito en (Shmot 22,20 y 23,9), Shlomó agrega una dimensión adicional a esta legislación:

… tenemos obligación de dos cosas hacia esas personas 1) les debemos proporcionar los requisitos físicos tales como comida, ropa y alojamiento, así como 2) ayudarles en su estado mental tratándolos de manera amistosa manera que Shlomó aprende del versículo que precede al que hemos citado que dice: ” Como pájaro que vaga lejos de su nido,  así es el hombre que vaga lejos de su hogar. ” Proverbios 27:8 para comparar aves errantes con extranjeros errantes y sin hogar. Una persona que tuvo que abandonar el entorno de su hogar se compara con un ave que tuvo que abandonar su nido. El símil de “aceite e incienso” utilizado por Shlomó en Proverbios refleja el sustento físico que debemos dar a los extraños, mientras que el símil de “dulzura de un amigo” representa la actitud amistosa que debemos mostrar hacia el forastero”.

 

En el estado de Israel resurge cada tanto la polémica acerca del sistema de conversiones al judaísmo por parte de soldados del Ejército y el tema del asilo a los refugiados africanos. Sería bueno que despertemos nuestra compasión y empatía hacia el hombre que migra, también si llega a nosotros por extraños caminos. También si su categoría legal no es exactamente la de refugiado, Y no oprimirás al extranjero: pues vosotros conocéis el alma del extranjero.

  1. Shimshon Rafael Hirsh se detiene en el versículo y llama la atención acerca del hecho que la primera parte del versículo está en singular “Y no oprimirás” y la segunda está en plural “vosotros conocéis” y dice “La otorgación del derecho a la ciudadana sin restricciones es una obligación que recae sobre el cuerpo social (singular) y la relación de amor y bondad son una obligación de cada uno de los miembros de la sociedad (plural)”

Se desprende de esto nuestra doble obligación, como sociedad y como estado judío, por un lado y como individuo que pretendemos seguir los caminos de la Torá, intenten dar cumplir con el mandato en su totalidad.

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