Por Ethel Barylka

Esta Parashá, presenta y pormenoriza, con muchos detalles, las ropas de los cohanim (sacerdotes) y el servicio del Tabernáculo e inicia con dos versículos que aparentemente están fuera del contexto del que se habla y que pertenecen al encendido de las velas de la Menorá (candelabro de 7 brazos):

” En cuanto a ti, has de mandar a los hijos de Israel que te consigan aceite de oliva puro, batido, para el alumbrado, para encender las lámparas constantemente.  En la Tienda de Reunión, en el lado exterior de la cortina que está junto al Testimonio, lo pondrán en orden Aharón y sus hijos desde la tarde hasta la mañana, delante del Señor. Es estatuto hasta tiempo indefinido para las generaciones de ellos, que ha de ser ejecutado por los hijos de Israel.” (Shemot 27:20-21).

Este hecho llamó la atención de muchos exegetas que intentaron responder a esta pregunta. Y así como el Tabernáculo fue comparado con la Creación, la luz lo fue con la luz de la Creación y así como la luz precedió a la Creación como está escrito en Bereshit “Entonces dijo Dios: Sea la luz. Y hubo luz” así la Torá precedió al Tabernáculo como está escrito en  Mishlei 6:23 “Porque el mandamiento es una lámpara, y una luz es la Torá” así esta luz, la de la Torá, precedió a todos los recipientes” [Shemot Raba, parashá 34, b].
Y así como Dios no necesita del Tabernáculo sino el hombre del servicio hacia Él, así también la luz sirve el mismo objetivo del servicio divino, dado que está claro que Dios no necesita la luz que ilumina a los hombres tal como no la necesita para poder discernir entre el día y la noche, sino que ésta responde a la necesidad del ser humano y de la naturaleza que Él creó. En el lenguaje del Midrash “he dicho y consigan aceite de oliva puro, batido, para el alumbrado, para encender las lámparas constantemente”, acaso ¿Yo necesito de esa iluminación?  No. Para vosotros la hice, para cuidar vuestras almas, porque la luz de la vela se comparó al alma, tal cual como está escrito en Mishlé-Proverbios 20:27 “la lámpara de Dios, es el aliento (el alma) del hombre terrestre”.
La vela se compara al alma. Pareciera que la elevación del alma es una condición para el servicio divino tal como la elevación de la luz precede el trabajo del servicio del Tabernáculo. En su lenguaje tan peculiar e ilustrativo el rabino Shimshón Rafael Hirsch nos dice que los detalles del servicio de la iluminación con las velas vienen antes de la orden de cómo debían ser el ropaje sacerdotal. De esa manera el versículo nos indica que el cuidado bienhechor a las velas es un servicio que precede en el tiempo a todo otro modelo de servicios, porque “la elevación del espíritu que se alimenta de la Torá es la fuente del cumplimiento práctico de los preceptos” y explica que la actividad más importante del sacerdote es cuidar y desarrollar esa luz agregando el aceite permanentemente.
La Torá se compara a la luz y así resulta que uno de los principios es mejorar “la luz”, que es el estudio de la Torá. Es interesante el hecho que todo el pueblo debía traer aceite para la Menorá. “Manda a los hijos de Israel” y así como la Trumá, la ofrenda o donación de la que habla la parashá anterior debía ser voluntaria de todos los israelitas, así también el aceite debía ser traído por todos. Y como se trata de un precepto dado para todas las generaciones, para cumplirse, día a día, no se interrumpe y es producto de la asociación de todos los hijos de Israel que así lo deseen. Así es el precepto de estudiar, comprende a todos y no sólo a un grupo selecto.
“El estudio de la Torá será un tema general de toda la nación y no será especifica de la secta de los cohanim… Únicamente el mejoramiento de las velas es una obligación sacerdotal, es decir el abastecimiento de los materiales del encendido todos los días y en cuidado que las velas estén en buen estado y que ardan bien. (Ib. R. Shimshón R. Hirsch).
Si la función sacerdotal es mejorar las velas, el encendido mismo no se considera parte de ese trabajo ni de ese cargo. Así la función del educador será proveer el aceite, alimentar y cuidar las velas. El resto le corresponde a la persona. O como dijo Rashí “debe encenderse hasta que la llama se eleve por si misma (Rashí, Shemot 27:20)

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